huída...

EL PLACER DE LOS ADVERTIDOS
Mariano Schuster*


HUIDA
Él se retiraba del bar
casi a las siete
tras el ultimo trago
creyendo llevar
con él
el mundo
y el no sabía que ella
lo observaba tras la barra
con los ojos cansados
imaginando palabras
delirantes con que arroparse
sintiendo que él
no volvería a entrar,
despiadadamente
pluma y papel en mano
por otro whisky
y que también su mundo
se retiraba
por la puerta
cada mañana
a las siete,
o casi.
MISTERIO
misterio es un hombre
buscando hormigueros,
misterio
es tu nombre
en el mundo,
es la mirada
que cuelga en tus parpados
desde la ilusión
donde medita la sonrisa,
es la plaza desierta
donde volverse noche,
es la imagen
de un pequeño
pájaro en celo
misterio es el tiempo escondido,
un suspiro
que va llegando a mis manos
misterio es evidencia
fatalmente vacilada.
BERTOLT BRECHT
in memoriam
Perdón
dice
desde la ventana
Perdón,
por esas
edades oscuras
pero no pudimos
nosotros, que quisimos
ser amables
Pudimos,
en cambio
ser valientes
pero eran
le he dicho
edades oscuras
tan oscuras
que tampoco
nos lo permitieron.



LA BELLEZA
Una noche, senté a la belleza en mis rodillas.
Y la encontré amarga. Y la injurié.
A. Rimbaud
Yo te andaba buscando
por los caminos evidentes
de este mundo
a través del orden, las sonrisas
entre la lluvia
que sonaba
como las danzas de Bartok
junto a las flores, el oro,
los collares
Yo te andaba buscando
Te andaba buscando
también para injuriarte
como a las páginas blancas
de un libro nuevo
que nadie leyó
como a un amante perfecto
sin arrugas
Para eso
yo te andaba buscando
Te andaba buscando
sin encontrarte
a contramano
del tiempo
desde mi mirada caída
con la humillante certeza
de todo lo que no fui
Para encontrarte amarga
yo te andaba buscando
en los sitios ordinarios
sin saber
que te encontrabas
perdida pero bella
en el desorden
de los bares y el humo
entre los últimos ruidos de la noche
junto a los borrachos
hincados de rodillas
escupiendo dolores
dejando caer
un imperio de cenizas
sobre tus pies
Yo te andaba buscando
para verte finalmente
acurrucada
tras la barra
esbozando una lágrima tibia
prendida de recuerdos
de esos tiempos bellos
que vos también
cansada
andabas buscando



ESCENOGRAFÍA DE UNA SEÑORITA
Tomarla de la mano
cuando la luz se apaga
Fingir llorar
en la escena mas triste
Olvidar a los de atrás
y de adelante
Mirarla cada tanto
de reojo
pero fijo
Esperar el final
para besarla
e invitarle un café
o una cerveza
Llevarla a la cama
y despedirse
no sin antes
saborear nuevamente
el gusto amargo
de la primera escena
en que le entregamos
los malditos dólares
que exige
para la sesión de teatro.
VOLAR, VOLAR
Pájaro volando,
vidas exiliadas dentro de una frazada
una ciudad descansando sobre cenizas
misterios que caen
desde nuestros pesados gestos
cuando gritamos
cuando respiramos
cuando deseamos algo más
que una suave mirada
imaginada en blanco,
y el pájaro sigue continúa su vuelo
en nuestras eternas cabezas
mientras alguien espera
algún sonido
que le devuelva la magia
que hipotecó en silencio
fantaseando
con todos los mártires
acorralados de penas
cuando brindaba
por la mejor ubicación del infierno
y el pájaro levanta las alas grises
pintando el espacio
ante nuestras miradas perdidas
y ella recuerda los ojos
de aquel borracho
alumbrado por estrellas
sentado a los pies
de la última estrella
quitándose la piel con la mano izquierda
y tapando el llanto
con la mano derecha
y el pájaro sigue su curso
e imaginamos la cara de Dios
cuando nos observa en los sueños
mientras rezamos
desde todas nuestras angustias
a una libertad enloquecida
que se llena de fiebre
para dejarnos festivos
en un camino inquieto
y el pájaro vuela
dentro de nuestros oídos
y comenzamos a creer
en algo más
que en tristes días sin fin
saboreando nuestros cuerpos
y nos confundimos
con hombres y mujeres
que conquistaron la formula
para no morir de pena
y el pájaro sigue volando
y maldecimos
todas las grandes mentiras
que creímos ciertas
entre extrañas luces
e imaginamos a cientos de piratas
junto a las más bellas mujeres
entregándose al vino
pero el pájaro sigue volando
sobre nuestros agrios rostros
cansados de esperar
a la mujer
que nos despierte el impulso
de acorralar a los marinos
que hicieron del amor
moneda de cambio
pensando que alguien
en el horizonte
pretende comprender
esta desgracia demente
borracha de ciudad
que intenta ser tan sólo
el preludio de una muerte fresca
imaginada sin las arrugas
que carcomieron
a todos los cansados amantes
que olvidaron
las más hermosas palabras
para entregarse
a esta lluvia que quema los ojos
mientras aún quedaba
la pequeña pluma de un pájaro
volando sobre sus cabezas.



HUESOS Y HUELLAS
Los sueños las historias las palabras los misterios
y el alimento de los poetas
Una sonrisa cae
despacio sobre el vacío
Las pieles los tiempos las fiestas las miradas
y los ojos secos
Los renglones las letras las ojeras
y la cabeza girando por la tierra
La muerte está en estado de coma


*Mariano Schuster (Buenos Aires, 1985). Perteneció al Taller Literario
"Desasosiego". Ha realizado talleres y seminarios de poesía y escritura creativa de forma independiente. Ha publicado en revistas nacionales y extranjeras tales como Resonancias, Lakuma Pusaki y Remolinos. Actualmente dirige la revista literaria "Pájaros en la cabeza".

sábado, 6 de septiembre de 2008

violetas...

mi bello amigo rodolfo hace poquito me hizo este regalo diciéndome lo siguiente:

Le saludo y mando especialmente a usted este ramito de 12 violetas, el perfume de ellas se lo debo....

Besos y cariños


MAAAMMMBOOO...

EL PLACER DE LOS ADVERTIDOS
MAAAMMMBOOO...
Leonardo Guevara


Hay un hombre viejo que baila en la calle del Obispo con arrugas en su frente. Arrugas en las que un buey podría arar la tierra, en las que otro hombre podría dejar sus huellas, en las que un pueblo podría desfilar también para reclamarle al gobierno. Yo me ahogo en el sudor de su frente, en ese sudor que se convierte en océano para borrar las huellas del buey, del hombre y hasta de un pueblo, pero nos pide que bajemos a las profundidades para atraparnos para siempre.
Yo sufro. Le hablo a ese sujeto. Le miro desde una posición que transgrede la imagen.
Ese hombre viejo tiene una malformación. Baila y la muestra a todos los transeúntes mas no quiero preguntarle al espejo ni ver sus ojos en los míos. Su actuación me traspola a la fiel imagen de algo por venir. Yo le veo cansancio en los ojos. Aun así sigue bailando en la calle del Obispo. No se si para turistas o por amor al arte.
Hombre viejo que baila en mi interrogante ¿tú nos muestras el defecto por la necesidad de pedir?
EL PARQUEBOTE
Para mi hermano Ariel, para Juan Carlos
El agua sobre el cuello del deseo. La desesperación oliendo a sal, entrando en el parquebote donde nadie puede merodear mas de treinta minutos diarios y lo permitido es mirar al horizonte y devolverte a tus bloques: a los proyectos del agua con sal entrando en la nariz.
Tú no sabes bajo qué bandera navegan estos botes --no hay nada que los identifique--, aun así no puedes entrar al parquebote donde nuestro patriotismo regresa de la guerra y es confiscado para evitar el tráfico.
Pero no tienes un bote, no has visto tierras trasatlánticas, menos correr sobre el océano Pacífico al hombre dios desnudo. Solo tienes ojos y un placer mental: No más de treinta minutos diarios para mirar el horizonte.
S/T
No te detienes en circunstancias de límite. No ves reflexión en el gesto que engendra, solo recuerdas la ponzoña en lo mas sucio de su seno. Un comentario --dijiste-- tirado en la esquina como un perro cualquiera
Yo reconozco lo flácido de la idea. Hago un charco. Los peces saltan, buscan y prefieren ser ensartados por la falta de luz. Nosotros nos vamos del péndulo. Equilibramos la vibración para no caer más bajo de lo que estamos. Nos hundimos con piedras en los bolsillos imitando al mito. Tú miras con desprecio la ontología.
Recordar la ponzoña --dijiste-- y me deshechas como a un seno cortado sin el roce de otro pecho. Te da repulsión ver. Vomitas mientras regreso en el limite dado a la reflexión.
LA MAQUINARIA 2
Me levanto a las 3 de mañana. Voy a la fábrica, hago la línea entre discusiones por el trabajo y caras resentidas. Pongo las cajas sobre las manos. El olor a shampoo me hace resbalar y desconfiar de cualquier sentido. Cargo las cajas como si fueran mi prole, nada puede caer.
Me levanto a las 3 de la mañana. Debo cruzar el parque. Me han dicho "Cualquier disparo busca a un cuerpo, es mejor no pasar". Yo no veo el peligro que existe y me toca, ya las cajas de shampoo me besan como lo haría la muerte, también le dan de comer a mi madre y a su útero extirpado, a la tuberculosis del que duerme bajo la nieve. Soy la elite del servicio.
Me levanto a las 3 de la mañana. Paso la frontera y no me detengo. La máquina está muy cercana a mi. (Yo) Hago sus movimientos en cada paso que doy. Me hace odiar al parque y a los gansos que corren buscando sus migajas, más me inserto en ese papel que me dan como pago, deuda o sacrificio.
Me levanto a las 3 de la mañana. Soy una máquina más.
EL ABRIGO DE BRODSKY
Fuimos a bailar donde el lujo. Ella compró un abrigo muy elegante de precios bajos en el catálogo, de esos que no tapan ni los pensamientos. Mi esposa y yo tenemos nuestros abrigos caros, pero los usamos tanto que no lo parecen. Los pongo en una percha y en buen lugar. Ella nos sigue y cuelga el suyo, no sabe si dejarlo o no, le pregunta al otro amigo, creo, no entiendo lo que hablan. Al final deja el abrigo. Tomamos unos tragos, me pregunta si dejó su abrigo en un lugar seguro. Digo: Sí (no imagino a nadie robándolo. Aunque hace tanto frío que si yo no tuviese uno me robaría cualquiera. Por supuesto no le dije).
Compramos cerveza. Ella no se siente atendida y llama al bartender: Hellowwwwww. Ya mi esposa había pedido, creo, sintió vergüenza. Ella estaba muy preocupada por su abrigo, casi no podía hablar sin mencionarlo. Pregunta --otra vez-- si estaba seguro. Le digo, si tus muertos te dicen que no lo está ve a buscarlo. Ella se levanta del asiento y grita ¡cojones! Sale desprendida a buscarlo.
Regresa con su abrigo y se sienta. Ya estaba feliz. Mi esposa seguía hablando con el cineasta, amigo de intelectuales hundidos dentro de la isla y de los ahogados afuera. Yo tomaba mi cerveza, me di cuenta que estaba sentado sobre una bufanda negra, al parecer cara. Le pregunto si la quiere porque mi mujer no usa ese estilo. La acepta.
Me imagino leyendo a Brodsky, creo que el poema dice: veo desde mi ventana a una mujer con un abrigo sucio. Pienso, si lo lavara no se vería tan mal. Ella cruza la calle y entra a la librería. Mira uno de los libros de un poeta llamado Joseph, creo, lee un poema sobre una mujer y su abrigo. Pregunta por el precio del libro, dice: con ese dinero podría lavar mi abrigo.
No sé realmente si es Brodsky el poeta.
Bajo al sótano y lavo la ropa, prendo las máquinas. No soy experto pero al menos tengo idea. Yo bajo porque es un lugar macabro para que lo haga mi mujer (sabemos que hay un violador en las noches, y un vecino que chatea todo el tiempo, y de sujetos así se debe desconfiar).
Las ropas salen sucias pero me dan la idea de estar limpias. Sé que no debo lavar mi abrigo en este tipo de máquina común, pero solo pago 1.75. Echo mi abrigo dentro. No me imagino a Martí lavando su abrigo, quizás alguna voluntaria del partido lo haría por él, pero yo no soy ninguno de los buenos José que ha dado la historia. Yo debo lavarlo y secarlo, luego salir a la calle al menos con un buen olor. Me pregunto si Martí iba a sus reuniones de tabacaleros con un abrigo sucio y mal oliente. Debo releer a Martí.
Vuelo en una vida buena, uno puede subir sin un abrigo que lo hale a la tierra, al final el abrigo es un peso, digo, cuando los pies están en la tierra la cabeza debe de estar en el cielo, si no, ves los defectos propios y ajenos. La paranoia-lógica que espera atacarme lo hace disfrazada. Doy un golpe, a veces dos, ella da su marihuana porque espera algo. Yo desconfío pero acepto. Entonces quiero bajar a buscar mi abrigo. Imagino al vecino masturbándose frente a la computadora y limpiando su leche con mi abrigo, eso molesta a mi moral --el precio que he pagado para tener un abrigo así--. Veo otras hipótesis: un violador roba mi abrigo y la CIA busca a un sujeto idéntico al mío.
Algo me dice que debo recogerlo seco o mojado aunque se que nadie me robaría. Según la lógica aquí no.
Me levanto de la cama voy escaleras abajo.
Si alguien ha de morir debe hacer todo lo que quiere
Ya no pienso en suicidarme aunque esta forma que tengo de escribir le dice al psiquiatra que sí. Hacerlo en realidad lo pienso, pero mato esa idea. El budismo Zen --no lo practico-- mas me aconseja no hacerlo. Ella se va a ahogar sobre el café que toma, eso le da más placer que el mismo sexo. Si alguien le diera a escoger, ninguno de nosotros vamos a ser los elegidos, a pesar de nuestra convincente demagogia, ella escogerá el café.
Yo escojo la escritura, muerta por la palabra hago que explote. Tengo una enfermedad llamada flujo cerebral que me desborda la copa. De ella tomo, lo hago como esa chica que sabe que va a morir. Esa imitación me da un aire gay, de ahí mi suerte.
Ya todo se está secando y sería bueno grabar la imagen, mas tras el espejo todo se tergiversa. La reflexión de la luz hace perder la realidad del cuerpo que se quiere grabar. Ya la escritura no da mucho, es mejor grabar cosas sencillas: un lagarto arrastrándose en la ventana, una mosca siendo comida por un lagarto, una hormiga siendo comida por el lagarto. Un lagarto mirándome y deseando comerme. Una hoja cae.
Ella se va a morir, por eso todo el café y cigarro. Uno debe darse sus gustos antes de irse de esta vida. Mi psiquiatra piensa que voy a suicidarme. Le llamo y no responde. Él lustra sus zapatos para el día del entierro, ya el traje ha sido almidonado. Pero en mí todo es ficción-escritura, flujo de palabras. Sólo en los momentos más reales trato de fijar la imagen pero el color se me dispersa, solo se salva para la contemplación del ojos.
Yo no me voy a morir, quizás ya lo estoy. Ella toma demasiado café. Cigarros todo el día.
EUTANASIA
El perro ha envejecido, da muestras de cansancio y obesidad. Ya no ladra. Sólo enseña dolor en cada aullido por el cáncer que le come. Yo debo aullar en la misma ahora que lo hace el perro, debo de disfrazar mi dolor en el suyo, hacerme su cómplice y no mostrar mi dolor.
El dueño decide matarlo. Su esposa ha llorado todo el día, se ha puesto su vestido más sexy, sus teticas apretadas. Él cava una tumba, ella toca al perro ya sin vida sentada sobre la hierba, sus ojos rojos por las lagrimas secas nos dicen que ha amado más a ese perro que a su esposo. Ella se inclina para besarle el hocico. Nunca he visto a una mujer más bella.
Yo en la noche cruzaré la cerca, le pondré flores en la tumba.
***
La servidora me sienta a la mesa. Remueve la propina. En su mano derecha tiene tatuada alguna cosa. Le pregunto qué significa, ella dice mariposa. Realmente no parece una mariposa, siquiera como símbolo, pero he de creerle. La mesera me pregunta si estoy listo, si sé lo que quiero. Yo he estado toda mi vida tratando de saberlo. (He tenido la ilusión en un cristal, que me delimita el espacio convirtiéndome cual mosquito que ha entrado a chupar sangre y después de saciado regresa a una planta a morir). Digo, no sé lo que quiero. Ella me da tiempo.
Otra servidora mira nuestra mesa y pregunta por su propina. Finjo no saber. Mi mesera pide con sus ojos no ser delatada. Le pierdo todo el respeto que podría sentir por el símbolo en su mano. La otra mesera piensa que soy un ladrón.
La cuestión aquí es la existencia de Dios para ver cuánta maldad existe. Mas, si no hay un dios que nos mire, deberíamos hacer cualquier cosa.
***
Leonardo se fue a Inglaterra. Llamará semanalmente a su madre para hablarle de la fina lluvia, del abrigo, de los vecinos que no le saludan. Es que esa gelidez del clima y del alma hacen a cualquiera deprimirse. Leonard, luchador contra monedas y canallas, sobrevivirá. El es más avispado que nosotros.
Sentados alrededor del teléfono una vez por semana para tener noticias. La palabra Inglaterra sonaba tan grande en la boca. La palabra frío tan chiquita y masticable que la esperábamos siempre. Leone el héroe, le describía a su madre el penthouse en que vive y esta nos lo hacía a nosotros, que esperábamos contando los días, las horas, los muertos del barrio, los suicidas. Solo Leo nos sacaba del tedio una vez por semana.
Hoy llamará a la hora de siempre. Aquí un sol tremendo. Allá la lluvia sacándole su enfermedad por casa. Aquí su madre le grita "cojones, resiste que eres un hombre".
Mas esa mujer que no es mi madre, no sé por qué me ha doctrinado para bien y para mal.

en la moviola

EL PLACER DE LOS ADVERTIDOS
EN LA MOVIOLA
Gaudencio Rodríguez Santana
EN LA MOVIOLA
.un cementerio de trompos d
e madera,
donde nadie los ve pero se sienten.
Frank Alberto (niño de once años)
Todas las imágenes de la ciudad están rotas,
como zurcidas por algo que las hace, sin embargo, en la moviola
persisten esos trazos vacíos. Rostros de la moviola
adulterados, iguales infinitamente, y por lo mismo
la ciudad es como un escombro otro, o el espacio
donde sepultan por siempre los juguetes de madera, una artesanía
que ya nadie puede hallar, pero que acaso
sentimos sus giros en derredor de las ruinas.
En la moviola la ciudad es eso: un cementerio de juguetes vacíos,
rostros del último avioncito de papel que dejó de importarnos.
(A otros tampoco la ciudad les importa. No es necesaria
La casa donde muere el santo o el hereje.)
Sólo basta mover la manigueta hacia un lado o hacia el otro
para que vislumbremos que a veces
es la moviola tan real y enorme, tan igual a nosotros
cuando miramos el pecho de las casas roto en la humedad de las puertas.
Por eso tal vez ya nadie siente cómo los niños de otra edad
juegan. Son furias, eternidades del juego que se pudren
en este interminable ritornello. ¿O las calles ahora se deshacen
en el gesto de mover los dibujos, o hacerlos increíblemente palpables?
Frente a este juguete --trompo de falsa realidad--,
me paro a contemplar los espacios que nunca imaginé de una ciudad.
En estas antiguas moradas de esplendor ahora sólo hay
ratas y tejas, polvos que iremos asimilando a nuestros pies, en las manos
encallecidas e iguales al polvo que ellas guardan.
Veremos una vez más a la moviola discernir entre realidad y espasmo,
en el rostro obnubilado que perplejo descubre
las mismas huellas una y otra vez, y no comprende nunca
que igual al juego de los niños son los días (giros y más giros
donde nadie ve lo roto de sus gestos, y donde jamás
descubren los juguetes muertos, pero sienten
la tinta, la sensación de palpar en la yema de los dedos
huellas de barro y alquitrán, restos de orines y excrementos,
manchas de orín en las fachadas
que están definitivamente en la moviola).
POEMAS QUE HABLAN DE CIUDADES
He leído poemas que hablan de ciudades antiguas, rotas,
desperdigadas en mapas imaginarios,
de calles estrechas y ruinas en la bruma.
He hallado el secreto de sus ladrillos
en esa perpetuidad que aún los mármoles tienen.
He visto el musgo en los muros que también las piedras guardan.
He dicho mía a las ciudades y las he habitado por siempre.
Todas han sido ciudades vacías. No hay siquiera
un simple mendigo que la habite
o ratas que roen tanto vicio. No hay
lentos carruajes o el humo del vapor que asciende.
Son simples versos que quienes andamos por la ciudad
no aprendemos a leer. Y en esa no historia
aún no comprendo al niño que regresa a casa
y llora por sus rodillas y sus manos.
¿Qué mujer aguarda estos poemas al igual que yo?
¡Ah!, mis poemas imposibles, o las ruinas del poeta que fui,
están entre la historia que leo de las ciudades,
en esa historia en minúscula, acaso minusválida, o tal vez
la real historia de versos que fundaron
nuevos muros en las ciudades antiguas.
He leído versos de una salvaje enormidad, de una cósmica quietud,
sonoros ritmos que las arenas del desierto hacen legendarios mitos a destruir.
No he creído siquiera en mi humildad o mi gloria, simplemente fui.
Dentro del marasmo de piedras que tantos poemas significan
largas nubes de polvo se posan en mi garganta
y el poema que acaso ahora leía
vuelve a ser un parco silencio.
Sin embargo, me han cerrado para siempre las puertas de las murallas
y desde el tiempo contemplo
cómo azufre y fuego destruyen la ciudad de los antiguos, o acaso
la no ciudad que está en el desierto, rígida en su muerte,
mientras la sal va colmando los huesos de la mujer que observa.
EL SIGNO DE LA PRÓXIMA ESTACIÓN
El signo de la próxima estación no nos anuncia
ese sitio preciso, el lugar donde a veces
se sientan los ancianos a ver correr los hombres,
esas muchachas tímidas que vuelven.
Es acaso una masa que nos borra la lluvia
y un hálito de invierno en vísperas de otoño.
Cada estación cruje en el paso de un lugar a otro,
simples sitios por donde alguna vez se marcharon
soldados que iban a las guerras, paisajes
que el humo vuelve un rostro, emboscadas,
silencios hechos con ese temor extraño
que producen los viajes a ningún sitio.
Y hasta el alba, y el grito que anuncia a los viajeros
que el tren ha de partir en medio de la niebla.
Pero en alguna estación hay un destino marcado por la nieve,
una mujer que aguarda, una mano de niño que saluda
al extraño que viene de otro mundo. Hay una muchacha
que corre por el borde de los andenes ansiosa
mientras el tren se marcha y ha dejado olvidadas
las cartas que le abrieran las puertas del regreso.
Es como para que las estaciones
fueran el sitio que anuncian al borde del camino,
no la sorpresa que nos grita al oído
o el polvo de las viejas estaciones de paso.
EN LA SOMBRA DE UN TÚNEL, DOS HERMANAS
para Carmen Sofía
Dos hermanas andan por un túnel
y escuchan la suave melodía de un mendigo.
Es una flauta. Es una música de ángeles
la que escuchan calladas las mujeres,
y ellas sienten que acaso unas monedas
sirvan de pan para el músico triste.
Nadie comprende cómo acaso una tarde
las hermanas traían entre sus manos
el poco de amor, o la leve transparencia del aire
que sucio y deseoso se agolpa
en el tibio regazo de la mendicidad.
Tarde fogosa de Madrid, mientras la lejanía
vierte su rostro en el rostro de un mendigo.
Llueve quizás en otras ciudades del mundo.
Un niño llora ajeno en el paisaje
y las praderas se hunden cada día en la intranquilidad
de animales que mueren por el fuego.
Sólo una flauta descansa junto al joven.
(Él ha podido regresar a casa, dar de comer
al magro animal que le acompaña).
Dos hermanas regresan
con un poco de sal, con una sonrisa
que apenas signifique un poco de alborozo.
En sus sonidos hay una flauta triste,
y el tintinear alegre hecho por las monedas
que ofrendaron calladas en un túnel vacío.
MERCADOS INAUDITOS
Se vende un pedazo de sombra,
un trozo de mar en el país.
Se vende un poco de sol donde respiran
otras arenas que creíamos salvadas.
Vale pocas monedas este escarnio.
A otro corresponde
guardar en sus bolsillos
el oro del estado. Sombras pagadas,
hasta la lejanía cuenta; y siempre
el sutil prestamista, o aquel
que compra su rincón de país, un espacio
bajo la soledad de su canícula.
LAS FOTOS DE LA HERMANA
--Mariel, 1980--
Hoy vienen por fin las fotos de la hermana, la que dejó
su noble corazón debajo de la puerta, aquella hermana triste
tan lejana y desnuda
como el propio mar que la devuelve.
Le habíamos sembrado un rostro indeseable.
Le habíamos colocado sábanas al retrato
y en nuestro corazón las lluvias del invierno
resultaron más grises.
Sin embargo, hoy vienen por fin las fotos de la hermana,
su rostro en Central Park,
o las luces nocturnas de una ciudad distante:
nuevos retratos que también
se quedaron vacíos de memorias.
Ahora la esperamos, tan niños como siempre,
ávidos de sonreír, de romper como un relámpago
los años que dejamos pasar
graves ante la soledad de aquella hermana,
separada de todos por un poco de mar.
Ahora la esperamos, temerosos de llorar
por un poco de patria convertida
en discursos iguales y sin rostro.
"EL GRITO" DE EDVARD MÜNCH
Quien grita es acaso el último cadáver.
Quien dice del horror o de las luces lejanas o vacías
es el último cadáver, la amenidad a la que fuimos consagrados,
la lluvia y el espasmo del ácido en los cuerpos.
Es cuestión de escuchar aquí, de este lado,
la agonía del otro. Es ver la piedra, el hacha,
el engendro de hombre en la pared del cuadro.
Es romper el cuadro con aire y solo quedan
filos y humos. (También posibles palabras en el grito,
o su amenidad de siempre en nuestras obras).
Estoy mirando el cuadro como una solución que no puede ser
--yo que aguardo como los otros a que florezcan los resquicios del paisaje,
las lápidas que envuelven al barro del paisaje--.
Miro las manchas que Edvard Münch apenas colocó.
Ya nada dicen y sin embargo están en la pared.
(También hay una guerra que diluir en el grito,
y no el horror del cuadro que se observa).

mi duende sacó una sonrisa más...

pa la gente que visita el blog.. si es que existe gente que visite el blog :) conocen que tengo un duende que me hace feliz la vida.. y que reta cuando debe, y me ama cuando debe y me apoya y desapoya cuando debe... y siente que mi vida vale para algo siempre...

el otro día que logró por fin! entrar y oírme en la radio pirata y cuando estábamos pasando por un asunto un poco complejo y tenso, él escribió lo siguiente:

"Esta noche después de varios días de pelearme con esta caprichosa máquina he podido escuchar a un ángel de linda voz que yo sé es muy querida en esta Tropa."

Porque siempre digo lo mío a tiempo y sonriente
y porque como dice Sabina si tengo que escoger
escojo la Radio del Pirata Cojo.

Un beso a toda la tripulación

Y para tí,bruja y hada de una amistad eterna
para ti yo robaría un trozo de felicidad de la
propiedad blindada de aquellos que la desperdician
para construir un puente sobre el océano y el tiempo
y poderte abrazar al menos una sola vez."

Te quiere
El duende de La Posada

chillidos


EL PLACER DE LOS ADVERTIDOS
CHILLIDOS
Lizabel Mónica


Chillidos:
[Pieza musical compuesta a base de palabras de la autora y los chillidos de cerdos en el momento de ser degollados. Y también de los chillidos-palabras de la autora.
La obra parte de la circunstancia de que la escritora viviera frente al matadero porcino. O de que los cerdos murieran frente a su edificio-vivienda.]

III
Pasaje del cerdo
Asomada.



Mi cabeza atisba por la ventana. Veo ciudadanos que deambulan la ciudad.
(Un anciano. Flaco, alto, planchados y desteñidos pantalones militares. Camina leyendo un periódico; bajo sombras rupestres de árboles plantados al borde de la acera.
En su brazo una bolsa característica para comprar víveres; andar lento y tambaleante.) Los ciudadanos. Van por las calles en bicicletas. Van por las calles en algunos pocos autos. Van por las calles a pie. Mi cabeza, asomada.
La bicicleta sale. De enfrente. De enfrente a mi ventana-cabeza. Hace un giro. Dobla, se incorpora. Un hombre anónimo (delgado, bigotes), lleva un cerdo que no chilla.
Cuelga una masa alargada y estrecha de carne roja. Blanda.
Es la larga lengua, del cerdo muerto.
La bicicleta se detiene para dejar pasar a una mujer que trae a su hijo de la mano. Luego continúa. Atisbo hasta que puedo el colgajo largo que se aleja por la calle. (Es cierto, no hay bulla ahora; he visto pasar el silencio.)
Entro.
Me siento a escribirlo.
Ya al final escucho algo que recuerda al chirrido de un cerdo. El sonido se acerca, pasa: bicicleta cuyo engranaje chillía, falto de grasa.
También, chirridos incesantes y atormentadores de parque infantil.
(Columpios de hierro.
Por un rato el chillido de algún cerdo alterna con columpios que se mecen.)

I
Cuello
chillidos de cerdos.
ahora, al escribir la frase "chillidos…" no los escucho;
alguien diría:
"para escribir sobre los chillidos del cerdo debes hacerlo mientras se oyen, mientras taladran tus oídos".
hay muchas formas de oír.
hay pocas formas de oír esas frases "que taladran mis oídos". no suenan para mis oídos.
los chillidos son…
aún cuando no se escuchan, aún cuando se oyen en la sensación
de un atolondramiento de palabras en la cabeza -la imagen de una maciza cabeza de cerdo por cuyas orejas brotaba (aunque ya seco) el hilo de sangre hasta el cuello extirpado, del extirpado cuerpo. sobre el manubrio de una bicicleta conducida por otro hombre anónimo sobre bicicleta anónima otra cabeza anónima de cerdo-.
los chillidos no martillan hacia dentro.
sino que están van.
en algún punto de la cabeza.
van están en ese punto.

II
Mujer sobre cartulina
torso de mujer con tirantes
en los hombros
delgados y tirantes
el cuello fino
–quiero decir estrecho, filoso en la cartulina-
luego un medio rostro ladeado en la cúspide del cuello
un rostro filo
–quiero decir estrecho,
finado-
medio rostro con boca pequeña roja
reluciente.
no es verdaderamente un torso
sino medio torso.
bajo el cuello completo, el principio de tirantes
el principio de hombros huesudos
-medio torso-;
bajo el cuello intacto, finado, el pintor obvió los huesos
que sobresalen
en la raíz del cuello femenino.
medio rostro con boca
cuello
medio torso
es una invitación del pintor
a la obra expuesta
en alguna sala
-cartulina flexible que uso de marcador
para mi libro-que-dejo-cuando-el-chillido-de-cerdo-acontece;
pienso que es evidente
hay algún
matadero
frente a mi ventana.
S/T
des nuda, más que dios la cabeza
todo el peso está en las comisuras.
S/T
Titilaba. Rompía;
Y ella entraba radiante y lo jodía todo con un bostezo del carajo… colmados los brazos de cortinas.
[Desatentos, todos los detalles se desgajaban.]
Estábamos allí, sí; ella, ella, ella, el ello, ellas.
Había música melosa y humedad de salitre en los oídos. Y mis oídos gorjeaban por el empaste arrastre de mugre interna en el oído de otro,
tan cerca mío, como montaña de hollín y malteada que se enciman,
dando tumbos mi pobre noche escueta.
--Sal de ahí.
Dijo uno de nosotros incontrolando situación de sobre mesa. Uno por uno, todos habríamos de pasar por el mantel, por eso, por el ojo
Las carnes bamboleantes, Las carnes idas y el rostro cubre huesos, habría que observarlo todo, disecciones afuera, como si se tratara de uno mismo y nunca de lo propio.
Hubo un olor.
Hubo un olor.
Hubo un olor.
Éramos tres y la éramos tres hubo un olor a costra, a sangre en menstruo (Nadie dijo alguna vez que nunca habría de concebir hijo en útero, pero tampoco dejó ver que allí había menstruo, menstruo) no a sangre sino a piernas, piernas con bellos, piernas de mujer con bellos de mujer.
Pero lamíamos y lamíamos y probábamos poco. Un adormecimiento paladar ante el regusto concedido de lo que ha recibido poco nombre. Todos cuerpos, ni una sola desnudez, toda grasa en el dorso de la mano; ni que un solo ovario supurante anhelante, tod tod tod cazando mustio el cerebro: psiques degolladas: expulsión: pieles ausentes. Tanta ansia de tocarnos y no sabíamos para qué aunque vivíamos el cuándo y el imperativo de la sed y el imperativo arrancarnos --ayudarnos a arrancarnos-- ayudarnos, el espejo
(la inversión, la sodomía, la mano izquierda la mano la derecha, la sexo masculina sexo fémino, el teto seno libre pectoral informe, las glándulas cojonudas glándulas mamarias y la punta de semen a chorros de entre el labios y pliegues inviolables ojos vidrio

La hoja de otoño
Pálido, del otoño.
(Grave)
De ensueños.
Debajo la calidez que se deshizo en las aguas. Pálida luz.
Reflejada en la tersura de tus cortinas. Como oculta tu espejo días murientes. Pálido, que antecede al invierno.
Dejado en la afonía del vocerío de hojas secas el crujido.
Como si vida y muerte en un instante... Hojas verdes.
Como si hubiera agua en las venas de la hoja seca. Como si hubiera venas en la hoja: seca.
Muñequitos
Muñequitos: de cartón al fondo. Y la tapia de luz artificial sobre los pasos de todos.
De ambos grupos. Muñequitos de zigzag, desaliñados y en parálisis: inmovilidad de vientres y de rostros sin dibujar. Sin dibujar. Caras-rostros de nada. Cero. Nada dentro de cara. Círculo. Rostro. De círculo-cara sin trazos. Muñe.
(Él, sin embargo, camina y sus pasos, son removidos por el reflector, entre ambos grupos.
Por encima de.
Así, así.)
Detenidos muñequitos, en pared acartonada y limpia.
Y tosca y límite. Allá y fondo. Él camina y sus pasos. Hacia la pared es el género. Es. Él. Género. O.
Muñe.
Estampados en fondo. A perfiles de cuerpo. Que simulan rastrillar. Un
Espacio. In posible.
Él va. (Y la luz.) Artificial, remueve sus pasos de saco gris, gris severo, sobriedad y estirado. Por plancha usada sobre superficie gris.
Es el hombre y el género. Y es el gris. Y es el género, superficie-tela estirada por uso de plancha sobre gris. Es grande. (Muñe.) Y la camisa blanca bajo el saco y cuyo extremo ocultan pantalones apenas. Se ve.
Muñido, muñe, muñón; género: camisa.
Toallas
Las toallas blancas, las rocas ríspidas, las toallas rocas,
las toallas salientes, las toallas encallantes;
la tibieza límpida del patio (tras toallas rocas) y su claridad rigurosa
felpa blanquísima.
Miro desde dentro,
una de las toallas es mía.
hasta morirla
A Nailé
Marañana.
Una marañana,
Una marañana lisa y de domingo
El roñostro ticuestre de una
Carne
En la marañana tiesa y cubierta de descúbritos androgimos
Este último verso una crisálida Que fuga
Hasta la pared Aquel hueco nominable De yeso y restos, Deshechos Y
contenedores, Piernas, ojos
y yemas podómetras giros a medianitud-
Lo parpared palpable mórbido
Concomitantes signos en ondas descompuestas
Tiras de
Carne
Anexos
Sus pistilos contráctiles
Sus tierra adentro
Sus cabeza abajo en huella
De una flor
No arriba
Sino
En huella
Dentro de la raíz de sombra
Bajo adentro
Tierra adentro
Foso inmerso finitos toda
Boca
Todo monto poroso
Gorgóneo y colomo brote
Cristaliza
Lo mórbido palpable
--Asebia de la mañana lisa--
Erecto
Terco
Lacra de interinos centros
Germen a sorbos de internieblas
En esterilidad
Hasta exhalar la tierra
hasta ingerir la tierra
--Impacto del pasmos de mancuerda Baja
Esté la llaga estar Cualquier ego de sangre microazar
sapiensa
sepiensa
A cruces
La sed de sed sectarias--
Toda boca
Lo mórbido palpable, concoide
Las tensas sendas
Los reflujos
Lolaslos de la carne
Sinúflagas de estera (de la cocina sin mesachiquita de café o las
metonimias
por años de casados)
Toda boca
pestillos táctiles lenguiformes
Y fértidos
Su mosto alul vetado
A cada honda,
Hace que la vena alucine sangre en todo vaciado
Por somlocuas noches de alcanfor
croar vértigos intrahumanoides
morder estar en la llaga
Sudante pulso es pasmo de rojo
Rostros de mancuerda (más cuerda)
en la piedra bajo el agua
Más cuerda, más cuerda, más cuerda
Todavía más
Rostros arrastrando
El cosmogozo
El ver del ser poroso torso de finitos abrazos
Toda boca
El amor terco a todo
Lacra
Lo tanto
--Gorgóneo soliloquio de cabrilla
Sacrificio de centro
costraeje
Hasta exhalar Ululas de interbrillos fijos
Hasta exhalar la tierra--
Multillamas lenguas
Excreencias
Axilas
Bultos
Lodo
Sesca
Mies corriente
Descalsado
Huesos cogirantes
Desagües no menos que otros
Hasta
El destiempo
Hasta
El destente neutro
Hasta morirla

collage de parafilias

EL PLACER DE LOS ADVERTIDOS
COLLAGE DE PARAFILIAS
Roberto Viña

¿Qué libros, qué palabras y qué letras son más santas, más dignas y reverendas, que las de la Divina Escritura? Y sin embargo ha ocurrido que, leyéndolas, algunos no sólo se han perdido a si mismos, sino que han sido la perdición de otros...
G. Boccaccio.


OBITUARIO DE JACK
a Anne

...continúan los asesinatos brutales a prostitutas en el distrito de White Chapel… Daily Telegraph, Londres, Diciembre 1888

La víctima
no es aún la víctima;
es sólo una mujer ardiendo
en otros brazos...
Luis Rogelio Nogueras
¡Son tantos orgasmos de seda presos
en la cumbre de tus senos!
Orgasmos de duendes adúlteros
envueltos en sus mitológicos falos;
atractivos en los carnívoros pezones
y emanaciones caleidoscópicas de extraño origen;
de insulso encanto entre la miel
de tu sombra sangrienta de esperma.
Inequívoca voz de aquellos anónimos gemidos,
enramados por la sutileza de varios chelines
bajo el influjo de una seducción descarnada,
desinhibida en el estertor hechizante de las faldas.
Los labios raptaban en sus grietas naturales
el encanto de Adán hecho simiente
con el tropel undoso de las caderas.
Y en inédita ascensión de las notas mezquinas
a la garganta, hacían de los dedos incrustados
un enlace orgiástico en la lengua de la chica.
Humedece y engendra debilidades con los secretos,
mientras no exista un beso al cual asirse,
mientras masculle entre dientes con lasciva sorna
la inmortalidad de sus rizos ébanos y obsesiones meretrices.
¡Hay tantas monedas en la bolsa del vientre
que entrechocan su precio en otras sábanas fétidas,
de falso origen y pertenencia ajena, prohibida!
Descríbeme el silencio y recita
con el vino, al cenar de tus senos
el sensato deleite del calvario
¿Aún resta en sus piernas los aromas nauseabundos
remanentes del roce hecho suspiro,
subyugado en el placer y esclavo
del sudor en la penumbra;
y el titubeo de mis manos rígidas
al arder en su rostro?
La daga de mis colmillos desgarró
bajo la bóveda de la capilla blanca
en la sucia callejuela sus labios de escarcha,
esa piel nívea del torso.
Destrocé sus piernas opacas
y encontré en el placer del dolor flagelado
ese excipiente de un éxtasis inevitable
Busqué en los ojos la tristeza
de morir bajo la inflexión
de un orgasmo perpetuo
No pude encontrarlo,
porque son lágrimas sus carnes de burdeles
en la neblina londinense.
No menos de diez pequeñas faldas la noche
imperecedera desnudó de sus voces,
para hurtar los gritos y remedarlos en un eco
de lascivia invisible que, nos revolotea y envuelve
Esas son mis hadas nocturnas;
las hice mías, y después, de su belleza
de mortales quedaron insatisfechas
con el pudor infernal de las ánimas.

La catedral de las piernas permanecerá
extensiblemente abierta para el filo
poluto e irascible de mis palabras;
y aunque hayan partido, la perfección de la vagina
custodia la memoria de mil fantasmas
en otras húmedas soledades,
por mi lengua --y alma-- enferma.
SONAMBULISMO
Y apagaba las lámparas el viento matutino.
Era la hora en que enjambres de maléficos sueños
ahogan en sus almohadas a los adolescentes.
Baudelaire
(reflexión)
Cada día descubro llagas en mi cuerpo,
marcas que apenas siento,
hasta el rozar del agua en la boca,
y el descenso a la búsqueda de mis pies.

(descubrimientos)
Líneas finamente abiertas en profundos
espacios de piel, alargadas fisuras
más profundas cada vez,
más purulentas,
extrañas y desconocidas.
¿Qué hace el cuerpo cuándo reposa
por el olvido y la inconsciencia?
¿Qué hago cuándo no soy yo?
No quiero pensarlo.

(pánicos)
No temo reconocer quién soy, o seré
Tengo miedo de las nuevas heridas en mi piel,
cuando las antiguas han cicatrizado
A veces, las llagas dejan un trazo de sangre al final;
una canal alargada que se une a otra
en el alma

(símiles)
Este cuerpo llora cuando el agua la sacude,
arde en las arqueadas de mis huesos mientras
la espalda asemeja una ramera violada,
que, muestra los latigazos ilegibles
de algún sadomasoquismo difunto.

(síntomas)
Las llagas de mis piernas
derivan en cruces incoherentes;
las manos apestan y apenas puedo cerrarlas,
y mientras se alivian algunas lesiones,
otras (re)aparecen donde no cabe la imaginación.

(malestares)
Me duele el corazón por una hendidura
que, al creerla superflua, no cicatrizó
en el pecho, y sobre el costado tiemblo,
pierdo los dedos en ese agujero
donde estas uñas y huellas dactilares irrumpen
en una marisma de tatuajes coagulados.

(náuseas)
A cada minuto detesto ver:
mis brazos,
las piernas,
el alma,...
detesto observarme en el espejo
y en ocasiones, odio verme desnudo,
admirando mis huesos...

(días sin novedades)
Como un reflejo siniestro son los órganos
en este cuerpo anciano y empolvado
por el hollín de las arrugas.
Las arrugas quedan enmascaradas
y estancan los ojos de lágrimas,
y las cicatrices que el rostro ha olvidado ocultar,
están congeladas en mi tez por siempre.

(negaciones)
Apenas puedo dormir,
apenas concilio el sueño
por el dolor insoportable
del cuerpo flagelado;
por el castigo de esclavizarme
a esta extraña penitencia obligatoria.

(temores)
Cada día discurro los párpados,
tembloroso, y busco alguna llaga distinta
sin comprender que no reconozco
las viejas grietas
Las sábanas son rojizas
y el remanente de mi cabeza desciende
sanguíneo al tragante del baño,
púrpura al inodoro
ante el asombro de los estertores.

(pasos al jardín)
Las rosas en rosal de la abuela eran blancas,
ahora son botones de tonalidades disímiles,
níveas con puntos escarlatas desconocidos, la mayoría,
mientras las espinas cada día sangran más

(conclusiones)
Estos ojos temen cerrarse, pero
no pueden detener el influjo del hastío
Han sido muchas horas en vela
mientas el insomnio duerme en algún
recodo de la habitación.

(delirios)
¿Amaneceré muerto? le pregunto
al sueño, y éste no contesta, calla
cuando escupo la respuesta: Algún día.
A cada hora descubro lesiones en mi ser,
pústulas ceñidas al recuerdo
como espinas viejas al rosal enfermo.
CAMA VACÍA (PENÉLOPE)
Anoche
creí escucharte susurrando esas frases
antiguas que del amor hiciste tuyas,
creí verte desde la sombra, de pie,
mirando ese pedazo de sospecha
que han sido estas noches esperando por ti
creí ver en tus ojos ese deseo de entrar en la cama
Anoche
el silencio fue más nuestro que en meses anteriores
porque no pronunciaste una palabra,
pero tu aliento pausado se escuchaba igual,
tus besos tenían el mismo antojo
y esas caricias que esperaba de las sábanas limpias
estaban incrustadas en tu carne sin saberlo.
Anoche
escarbaste en mis sueños con tu aroma,
con tus ropas, los músculos, esos gemidos de gozo,
apareciste de la nada con esa indocilidad
de océanos navegados;
y despertaste mi piel muda e inerte
desde que te marchaste
Anoche
entró al cuarto tu cuerpo y el sabor del vino
como dos seres extraños, fantasmas independientes
y obscenos de una lujuria hambrienta.
También vinieron todos los hombres
con los que he convivido hasta esta noche
Uno por uno, fue tomándome con la sorpresa
de una misma piel,
de una sola carne penetrada,
intentando llenar mis pensamientos de espera,
los rincones negros de mi impaciencia,
hilando los tejidos desordenados
de una suavidad de sensaciones sin nombre.
Anoche
pensé en ti, y tú, te hiciste de huesos,
hombre, por la bendición de dioses moribundos,
un rostro de oscuridad,
y cera de sudor y temblores por las velas apagadas
fuiste un viento de uvas maceradas
en los labios,
un instante paralizado de demasiadas noches
para una sola desnudez;
el espasmo de muchos sueños en una cama vacía.
Anoche
desperté con tu ropa puesta, vestida de ti;
y la armadura aún descansaba donde antes dormías,
como si el hombre que la vistiera
se hubiese hecho cenizas en los sonidos de la noche.
Al lavarme el rostro, aún era tu cara en mis manos,
y tu pellejo en las lágrimas que después derramé.
Anoche
ocurrieron cosas inciertas en mi memoria
supe que no eras tú, pero aún así te permití entrar
y después, me entregué sin remordimientos,
ni abandonos,
Anoche
fue una sonrisa tierna y desenfada tu ausencia
la voz de nuestro hijo me confesó
que no regresarías a Ítaca;
pero no importaba,
él permanecería siempre a mi lado.
TAUROMAQUIA
Mino(s) tiene una obsesión caprichosa
aquilatada en la saliva,
oculta entre los labios,
apagada en la boca…
Mino(s) resurge taurino ante las noches
de pecado inconfesable.
Los días endosados al olvido y la adquisición
del insomnio,
el temor inherente a la huida
con el taumaturgo de las cenizas abandonadas
no le permiten olvidar la partida presta
de la ceguera ante la ingravidez de sus lamentos.
Es extraño, pero Mino(s) desea engendrar
en mí, las ansias que en otros difuntos
no he permitido.
Añora desesperadamente no ser
como viejas corridas, por ende,
consumadas y muertas
en el cansancio de la carencia;
como análogas caricias extintas
ante la estocada mortuoria
de la duda y el adulterio.

Mino(s) aunque sin confesarlo, cautiva
mis ojos de amaneceres estériles e insípidos
entre los muros de su enfermiza esclavitud
obseso debido al cornudo proceder de su origen,
éste, erige su génesis entre los barrotes de un laberinto
construido para una morada de exilio.
La cornamenta agotada de su verborrea
origina irrisorias excusas ante la insistencia de mi prisión,
cada día más prolongada.
Mino(s) en silencio loa frases al milagro de poseerme.
Al tenerme pierde todo temor por perderme
y asfixia en su idolatría condenada mi lengua
a sus rumiantes entrañas.
Bajo el abrazo bovino derrite cada poro
con cada hebra parásita de su vientre velludo;
desbarata con cornadas violentas y lunáticas
los impotentes bufidos de asirme al aliento
ante la incapacidad de respirar por si solo

Mino(s), el cornúpeto, después de asesinar
a mi cancerbero de carne desconoce otro modo
de bendecir mi ausencia que, con la muerte.
Encerró en cada reja un espejo, con el pretexto
de encontrarme incluso, aunque no estuviese,
mientras la complicidad de su hastío mantiene
el cerrojo de su desvelo como una castidad
altruista en voto de silencio.
Sin embargo, para Mino(s) este es el único espacio conocido,
fallece en las noches, al agotarse la claridad,
moribundo ante la soledad de su equívoco.
Y allí estoy, como el ánima posesa de un cuerpo invisible
en una sonrisa estrecha, angosto al igual
que el sitio donde lloro mi embriaguez.

Mino(s) en una planicie de ensueño abraza
un cadáver pasifaénico con el sabor de mi boca,
y observa como escapo ágil a través de cada pared,
perdiendo la grácil silueta de mi desnudez
en otra forma ilícita e impúdica;
ausentado hasta la nada de verme
sin poderse conformar.
Y rumia un lamento agonizante,
estremecido por la verdad de la pérdida
y el pasto abundante de las frustraciones.
Cuando cierra los ojos, le oigo llamar el nombre
de mi fantasma en las vestiduras. Ariadna.
Abrazarse a mi cuello, llorar al reiterarse
en cada seducción la pesadilla de mi existencia.
Asediado por la ausencia, le agobia
y atemoriza también mi desprecio.
No concibe la distancia de mis dedos sin el ansiado páramo
de las piernas donde ir a perder la vida…
Jamás me dejará ir, a pesar de la abominación;
cuando no encuentra siquiera sentido a subsistir
sin las banderillas de los engaños,
ni los atavíos de su cabeza taurina,
sin las píldoras sedantes de la bestia en su abdomen.

Déjame partir Mino(s), permite morir a este Dédalo travestido,
desvelado y voraz, que, en ansias de respirar mutiló
la imagen paterna de si mismo en mascarada de odalisca.
No intentes extraviarte en estas faldas fatuas de artificios,
olvida la mitología de las penitencias cretenses
y sortea los laberintos internos del alma humana.
Aún sin tenerme me habría extraviado
en los avatares entrecruzados de las contradicciones caóticas,
escapando en los brazos de otro amante senil
con los escalofríos de este acto pantagruélico,
caleidoscópico,
alucinantemente pornográfico.

el cuerpo es / * Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez.

El cuerpo es

El cuerpo es el que se arruga, el cerebro no,
mientras mantengas aceitadas la imaginación, y la ilusión.
Hay que empujar al fondo del cajón las cosas que nos puedan lastimar,
hay que poner muchísima atención cuando se baja la escalera.
Hay que agitar a diario el corazón, estar pendiente del colesterol
y del vocabulario desterrar por siempre "ya no puedo más".
El cuerpo es el que se gasta, pero no el amor.
Si la memoria a veces falla, los recuerdos no.

El corazón...
es el reloj que vamos a cuidar y aquí te va un consejo popular:
no dejes de tomar en la tercera edad un tequilita diario.
Y si te asustas de la soledad, escucha el viento, el cielo, el sol y el mar,
y deja que los astros y la inmensidad te canten al oído.
Al envejecer, no dejes de reír.

Envejeces si dejas de reír.
Al envejecer, no dejes de cantar.
Envejeces si dejas de cantar.
Al envejecer, no dejes de bailar.
Envejeces si dejas de bailar.

la mayonesa / liliana felipe y jesusa rodríguez

La mayonesa

Estoy bien,
un poco cansada, irritable, deprimida,
a veces siento náuseas y calambres abdominales,
pero estoy bien,
me siento triste y miserable,
resentida y envidiosa,
me dan sofocos, bochornos, tufaradas,
y sudo como un taco de canasta,
pero me siento bien,

fuera de la hipersensibilidad en los pechos,
el aumento de peso, la sequedad vaginal,
las arrugas, la osteoporosis, las cefaleas,
las hemorroides, el alcoholismo,
me siento bastante bien,

me unto camote silvestre por las noches
y de estrógeno me embarro en la mañana,
(tofu, hierba de San Juan, hinojo y alfalfa)
tengo insomnio y no me siento capaz de hacer nada,
lo bueno es que no se me corta la mayonesa.

Todas as cidades do mundo / Izacyl Guimarães Ferreira

gracias ciro.. prontito entenderé más...

Todas as cidades do mundo
Izacyl Guimarães Ferreira

DISCURSO URBANO
(trechos)

1

Olhado de uma nave espacial,
eis o planeta como tela abstrata
ou escultura móvel a girar:
manchas de cor na passagem solar,
na espessa noite as luminosidades
das vidas agrupadas em galáxias.
Somos as manchas e luzes, teatros
de uma aventura sem roteiro claro,
de medo e fé, de sonhos e trabalhos,
que podem ser um grito ou ser um salmo.

6

Toda cidade é feita com palavras:
seus nomes, sons que são totalidades.
Ouvi-los ou dizê-los são mensagens
colando-se à lembrança, são cristais
do reconhecimento. Saltam claras
ou sombrias na mente ao evocá-las:
Constantinopla, Nínive, Cartago.
Granada, Gênova, Berlim, Chicago.
As meras sílabas, pronunciadas,
modelam estruturas virtuais.

8

Em todos nós há um sonho de cidade.
E preciso encontrá-la e desvendá-la.
Construí-la, talvez, bem planejada.
Se Lúcio Costa a riscou para Oscar,
já cresce do projeto o seu sinal
e a cruz da ocupação enche o cerrado.
Assim Brasília e no verso Pasárgada.
O sonho que foi mito é realidade.
O sopro do poema é só metáfora.
Em que papel ou chão há mais verdade?

9

Cidadão. Morador. Enraizado
neste chão onde medram plantas ávidas.
Junto às sobras da mata original,
variáveis texturas nos quadrados
em que a vida se ordena antiga e rara.
Multidão, sou de uma espécie animal
entre contornos artificiais.
Bicho urbano, circulo pela jaula
aberta da metrópole, arável
território das plantas do provável.

29

Vi Cartagena, a bela, a ocidental
das índias caribenhas dos piratas,
pensando uma Ouro Preto à beira d'água.
Vi Havana, a marinheira, rasgada
de ferrugem e sal politizados.
E a Barcelona de Gaudí, linguagem
da cor na arquitetura em liberdade.
Em todas elas me senti local,
cativo de seu céu aberto e largo,
um céu que as faz maiores que os traçados.

31

Se tantas vezes foi por mim lembrada,
para a que é minha já me falta a fala,
embora a tenha inteira no sotaque
— aquela entre oceano e Guanabara,
onde do prazo já cumpri metade.
Melhor voltarmos ao Bandeira, ao Carlos,
ao Tom, Noel, Vinicius de Moraes,
ler Cecília na Crônica Trovada,
Rio de um santo e um fundador flechados.
Rio verbete meu e meu comparsa.

32

Numa cidade tudo é transitar.
De um lado a outro, por cima e por baixo,
entre sinais, nos ares e nas águas,
entre malhas de horários. Circular,
faz-se a vida uma renda de chegar
e retornar, um tecer o bordado
de uniformes e bailes, de mortalhas,
as mãos cortando o infinito baralho
da roda da fortuna, num girar
que é o próprio jogo e o preço da passagem.

34

São seu avesso, são os quase bairros,
pardas cidades que não são: esquálidas
favelas da fala de Drummond, fala
universal de arquiteturas trágicas.
São dolorosas danças num cenário
à mostra mas oculto em suas armas.
Sob as linhas das letras musicais
há uma verdade maior, a das máscaras
noturnas e sem cor, que nunca saem
nas fantasias de seus carnavais.

reflexiones sobre la poesía de uno / freddy peñafiel

reflexiones sobre la poesía de uno
freddy peñafiel

la poesía llama debajo de la puerta
te despierta después de haber bebido toda la noche
te limpia los ojos de miradas tiernas
acicalándote las barbas
sientes las manos que bajan por tu espalda
abrazas una almohada siempre abrazada
cerrando las cortinas de tus ojos

el día
desnudo en cualquier esquina
borracho
robado
pero con un nuevo poema
para escribir mañana

razones del ausente / daniel jaramillo agudelo

razones del ausente
Dario Jaramillo Agudelo

Si alguien les pregunta por él,
díganle que quizá no vuelva nunca o que si regresa
acaso ya nadie reconozca su rostro; díganle también que no
dejó razones para nadie, que tenía un mensaje secreto,
algo importante qué decirles
pero que lo he olvidado.
Díganle que ahora está cayendo, de otro modo y en otra
parte del mundo,
díganle que todavía no es feliz,
si esto hace feliz a alguno de ellos; díganle también que se
fue con el corazón vacío y seco
y díganle que eso no importa ni siquiera para la
lástima o el perdón
y que ni él mismo sufre por eso,
que ya no cree en nada ni en nadie y mucho menos en
él mismo, que tantas cosas que vio
apagaron su mirada y ahora, ciego, necesita del tacto,
díganle que alguna vez tuvo un leve rescoldo de fe en Dios,
en un día de sol, díganle que hubo palabras
que le hicieron creer en el amor y luego supo que el amor
dura lo que dura una palabra.
Díganle que como un globo de aire perforado a tiros, su
alma fue cayendo hasta el infierno que lo vive y que ni
siquiera está desesperado y díganle que a veces piensa
que esa calma inexorable es su castigo; díganle que ignora
cuál es su pecado y que la culpa que lo arrastra por elmundo
la considera apenas otro dato del problema
y díganle que en ciertas noches de insomnio y aún en otras
en que cree haberlo soñado,
teme que acaso la culpa sea la única parte de sí mismo que
le queda y díganle que en ciertas mañanas llenas de luz
y en medio de tardes de piadosa lujuria y también borracho
de vino en noches de lluvia
siente cierta alegría pueril por su inocencia y díganle queen
esas ocasiones dichosas habla a solas.
Díganle que si alguna vez regresa, volverá con dos cerezas
en sus ojos
y una planta de moras sembrada en su estómago y una
serpiente enroscada en su cuello
y tampoco esperará nada de nadie y se ganará la vida
honradamente,
de adivino, leyendo las cartas y celebrando extrañas
ceremonias en las que no creerá y díganle que se llevó
consigo algunas supersticiones, tres fetiches,
ciertas complicidades mal entendidas y el recuerdo de dos
o tres rostros
que siempre vuelven a él en la oscuridad y nada.

domingo, 24 de agosto de 2008

canción para los vagabundos

canción para los vagabundos
raúl gonzález tuñón

Salud a la cofradía, trotacalle y trotamundos
todo nos falta en el mundo, todo menos la alegría.

Y viva la santa unión, de sin-ropas y sin-tierra
todo nos falta en la tierra todo menos la ilusión.

Corto sueño y larga andanza, en constante despedida
todo nos falta en la vida, todo menos la esperanza.

Amigos de las botellas pero poco del trabajo
todo nos falta aquí abajo, todo menos las estrellas.

Inofensiva locura, sinrazón del vagabundo
todo nos falta en el mundo todo menos la sepultura.

Prosigamos, si dios quiere nuestro camino de dios
pues siempre se dice adiós y una sola vez se muere

código de amor / francisco garzón céspedes

CODIGO DE AMOR(DE LA ETICA)

Credo de Cupido Juglar

Creo que mi corazón
está conmigo.
Creemos que nuestro corazón
está con nosotros.
No fue alienado por débil.
No fue fundido por insensible.
No fue canjeado por egoista.
No fue despreciado por injusto.
No fue derrotado por cobarde.
Creo que a mi corazón,

creemos que a nuestro corazón,
no lo sepultó el desamparo,
no lo destruyó la deslealtad,
no lo petrificó la amargura,
o lo inmovilizó el desamor.

Mi corazón esta conmigo.
Nuestro corazón está con nosotros.
Sé que mi corazón,
sabemos que nuestro corazón,

todopoderoso
no aulla como lobo al paso de la luna...

consultorio sentimental / nicanor parra

asterisco: también tengo consultorio!!!


consultorio sentimental
nicanor parra

Caballero de buena voluntad
Apto para trabajos personales
Ofrécese para cuidar señorita de noche
Gratis
sin compromisos de ninguna especie
A condición de que sea realmente de noche.

Seriedad absoluta.
Disposición a contraer matrimonio
Siempre que la señorita sepa mover las caderas.

pero sucede / Yamil Díaz Gómez

Pero sucede que hoy el tiempo se ha sentado a mi mesa

y me ha mirado con un ojo tristísimo
porque el tiempo siempre tiene un ojo cerrado
y me ha dicho la vida
los puntos cardinales
el amor

el tiempo y yo hemos hablado durante mucho yo
he leído en su pipa silenciosa que también soy
el tiempo

el escuchaba los espejos cuando niño
pero ahora padece de nostalgias
ahora nosotros detenemos y él se teme
ha planeado el suicidio
hoy pude haber escrito una carta de amor
éste pudo ser mi día de cantar donde las
catedrales
pero sucede que hoy el tiempo se ha sentado a
mi mesa

y me ha mirado
con un ojo tristísimo

de nube a nube / luis rogelio nogueras



Andarán de la mano
De nube en nube,
bellos como huracanes

los locos / víctor casaus

Los locos esos amorosos personajes
conocieron siempre las bondades de la lluvia
en el asfalto la claridad en la botella
el brillo extraordinario de los ojos
los locos echaron a andar alguna vez el universo
se detuvieron raramente para observar los progresos
alcanzados
fueron amistosos y rebeldes como nadie
amaron a pesar a mansalva y a destiempo
fueron inmpresionantes enormes o mínimos los locos
fueron pacíficos pero libraron guerras y conflictos
parciales
liberando finalmente al hombre del hombre
su enemigo de siempre
los grandes locos conocieron los misterios de la música
la pasión de los poetas comprendieron a los hombres
que manchaban lienzos hasta el alba
o fueron los hombres que manchaban lienzos hasta el alba
los locos a través de miles de milenios salieron
de las cuevas
habitaron las casas y ahora fabrican edificios
y vuelan en dirección a los astros a veces
los locos mueren impresionantemente ante los fusiles
enemigos
dando gritos que sin duda vivirán más que ellos los locos estos
-fabulosos-
que prenden fuego en los cuatro costados del planeta
los grandes locos los buenos locos
estos amorosos personajes
conocimos siempre las bondades de la lluvia

el matecito de las siete / coqui ortiz

cuando tuve la oportunidad de recorrer argentina, también pude experimentar el ritual de tomar el mate.. es todo un evento...así como la siesta... gracias marce por esos días tan troperamente lindos!

el matecito de las siete

Aspiro el aire de tu paso, tan sólo eso...
y emprendo, ciego, un leve abrazo: olor a viejo.

Si no pasaras esta tarde, tan sólo eso...
seguramente moriría tras tu silencio.

Donde alza vuelo tu figura, vuela mi pecho.
si en cada uno de tus pasos ya no hay consuelo.

las tardecitas en la puerta me tienen preso,
y el mate amargo de las siete guarda el secreto.

la amigdalitis de tarzán / Alfredo Bryce Echenique

A veces siento la fuerza con que el tiempo pasa y lo desparrama todo. Y también el maldito viento de la distancia termina por desparramarlo todo, poco a poco pero firmemente y con una cierta tristeza que solitos los años van acumulando y que uno ni siquiera sabe en qué lugar anida. Tal vez en un gesto, al sonreír, a lo mejor en una mueca que, a fuerza de afeitarnos siempre ante un espejo en el que ni siquiera nos observamos ya, jamás notaremos. ¿Cómo será todo esto cuando sean treinta los años transcurridos? ¿Y después, cuando sean cuarenta, ahora que Mía ha encontrado la calma, un cariño verdadero y perdurable, mucho respeto en un hombre de bien, llamado asimismo Bob Paz?

A mí, por supuesto, puede seguirme queriendo, adorando, pero releo sus cartas y compruebo cómo poco a poco me voy quedando sembrado por mil caminos, en una y otra misiva, siempre cariñosa y amablemente, sí, pero a veces como una planta llamada Amor, otras llamada Hermano, las más veces llamada Amigo. Por supuesto que nada de esto está mal y que, visto así, hasta lógico resulta. Aunque debo confesar que no siempre resulta lógico y que a veces es tan absurdo como llorar una noche en un hotel de la ciudad de México o de Buenos Aires, en el que uno apaga la luz, muerto de sueño y cansancio…”

- A veces en algún hotel, después de un concierto en cualquier parte, te juro que todavía suelto unos lagrimones por ti, y ya al borde de mis sesenta, Mía. Pero me alegra mucho hacerlo, porque en el fondo de aquella callada tristeza, también aquellos lagrimones contienen su dosis de alegría profunda (…) Y realmente me alegra comprobar, una vez más, hasta qué punto has encontrado la paz, Fernanda Mía…

- Créeme que la paz no es más una manifestación muy profunda de la nostalgia, Juan Manuel Carpio. La paz, en el fondo, es una nostalgia, mi viejo y querido…

detrás de una guitarra / noel nicola

Detrás de una guitarra

Detrás de esta guitarra hay un tipo
lleno de complejos,
un tipo que no escapa a las leyes
de nuestro universo,
pegado a la tierra, urgente de besos.

Está la soledad, la compañía fiel,
la muerte de papel, juguetes de peluche,
alguna que otra herida chorreando de mujer
un tipo que camina
y que hasta escupe, suda, come, traga.

Detrás de esta guitarra hay un tipo
ni bueno ni malo
que cuando llueve observa con calma
su patio mojado,
pendiente de guerras, sediento de años.

Hay un poco de mar,
periódicos de ayer, un olor a café
y un violín en su estuche,
un bastón rojo y blanco, cervezas sin espuma,
un tipo que hasta tose, y que estornuda, va a baño y hace el amor.

En fin, detrás de una caja con cuerdas
hay siempre un ser humano.

situación / víctor casaus

Situación

Entre la ciudad vacía
y el pajarito cantando a nuestro lado

entre un cuento bien contado
y una risa que adelanta su alegría

entre tanta extraña paz y tan vacía
prensa que has leído y recortado

entre un amor amado
y el recuerdo de un querer que te quería

entre una nueva discusión una porfía
y la verdad que nunca te han arrebatado

entre ese amigo de repente así amigado
y el hermano que en él también vivía

la puta soledad de aquella sala huía
a desvivir un poco ahora en otro lado.

¿A dónde iremos a parar?

¿A dónde iremos a parar?

¿A dónde iremos a parar? pregunto... a dónde
Cuando inventemos de nuevo las palabras
desnudando del todo la ternura cotidiana
de nuestros más mínimos gestos,
cuando se nos atragante la risa y la alegría
y aprendamos a lamer como una vieja herida
el más pequeño trozo de amor
que cualquier dia tengamos de nuevo entre las manos
y cuando finalmente se nos cansen los miedos,
las rabias, reventando el aire, los colores,
y cuando decidamos que podemos volar
o vivir al revés.
Pregunto ¿a dónde iremos a parar?
si no es frente a tus ojos.

Posdata

Lo que me dijo un loco / roque dalton

Lo que me dijo un loco
roque dalton

Me contaste que tu padre era un pequeño mar.
Que los ángeles son unos estupidillos
pero por las noches hacen mucho daño con sus uñas de cola de cometa.

Me contaste que en tu casa la lluvia naufraga
y tus hermanas castran furiosas los almendros.
Me contaste que los sedientos son la gran esperanza.

Que silbar en los parques es confesarse impotente
de recuperar el vino de las palabras que uno dice de niño.

Me contaste que la mujer gorda te era desconocida
y que por eso odiabas los gestos de su espalda.

Me contaste que era mejor no salir a la calle
porque a cierta edad es obtuso hacer víctimas.

Me contaste que hay algo que se llama luz
imposible de explicar con las manos.

Me contaste que los árboles no son los principales enemigos
y que no debía creer nada de lo que hablan
desde el otro lado de las rejas.

poética / ricardo casiano

Poética

I
¿Qué es la poesía?
una isla
cercada
de palabras
por todos
lados

II

¿Qué es un poeta?
un hombre
que trabaja el poema
con el sudor de su frente
Un hombre
que tiene hambre
como cualquier otro
hombre.

Ricardo Casiano

Hechizos

Hechizos, Laura Devetach


Sidonia sostiene que hay días en que el diablo anda suelto, tal como decía su abuela.

Sostiene que es el que sopla los malos vientos y hace remolinos en las esquinas, mete la cola en las computadoras, empuja a las palomas para que hagan caca sobre la gente. Y otras cosas mucho peores.

Por eso ella murmura hechizos de palabras contra él:

- Que se le achiquen los zapatos para que no dejen de morderlo en lugares donde no se los pueda sacar.

- Que el mosquito de las noches húmedas le pique en cada nudillo, cada vez que intente dormirse.

- Que lo que tiene que entrar por la boca le entre por la nariz.

- Que el bocado hirviendo se instale en el lugar donde duele el corazón.

- Que los dientes se le conviertan en dientes de ajo y tenga que escupir silencios cuando esté lleno de palabras.

- Que el diablo se vaya al diablo –termina.

Y ése es, quizás, el más eficaz de sus hechizos. Sobre todo cuando ella sabe muy bien nombre y apellido del diablo con el que está tratando.

trilce / césar vallejo

trilce..

Hay un lugar que yo me sé
en este mundo, nada menos,
a donde nunca llegaremos.

Donde, aún si nuestro pie
llegase a dar por un instante
será, en verdad, como no estarse.

Es ese un sitio que se ve
a cada rato en esta vida,
andando, andando de uno en fila.

Más acá de mí mismo y de
mi par de yemas, lo he entrevisto
siempre lejos de los destinos.

Ya podéis iros a pie
o a puro sentimiento en pelo,
que a él no arriban ni los sellos.

El horizonte color té
se muere por colonizarle
para su gran Cualquiera parte.

Mas el lugar que yo me sé,
en este mundo, nada menos,
hombreado va con los reversos.

-Cerrad aquella puerta que
está entreabierta en las entrañas
de ese espejo. -¿Esta? - No; su hermana.

-No se puede cerrar. No se
puede llegar nunca a aquel sitio
-do van en rama los pestillos.

Tal es el lugar que yo me sé.

la jaula / JAVIER VILLAFAÑE

La jaula


Nació con cara de pájaro. Tenía ojos de pájaro, nariz de pájaro. la madre, cuando salió del hospital, la envolvió en una manta y le cubrió el rostro.

- ¿Nena? –le preguntaban las vecinas.

- Sí, nena –respondía la madre.

Y mostraba a la recién nacida envuelta en una manta desde la cabeza hasta las rodillas. Sólo se veían las piernas y unos escarpines color rosa.

- Que Dios se la guarde, señora.

- Gracias.

Cuando la niña fue a la escuela, las compañeras la llamaron La garza. Una vez, en un recreo, le dijeron:

- Volá.

Y ella lloró.

Nació con cara de pájaro. Tenía ojos de pájaro, nariz de pájaro. La madre, cuando salió del hospital, lo envolvió en una manta y le cubrió el rostro.

- Que Dios se lo guarde, señora.

- Gracias.

Cuando el niño fue a la escuela, los compañeros lo llamaron El cuervo. Una vez, en un recreo, le dijeron:

- Volá.

El apretó los puños y lloró.

Ni ella ni él volvieron a mirarse en un espejo. Se miraban en la pared cuando tenían que peinarse.
Ella no salía de su casa. Le ayudaba a coser a su madre.

El no salía de su casa. Le ayudaba a hacer el pan a su padre.

Una vez, ella fue a un baile de Carnaval disfrazada de Colombina. Llevaba zapatos de raso y una antifaz blanco. El fue al mismo baile disfrazado de Pierrot. Llevaba zapatos de charol y un antifaz negro.

Pierrot bailó con Colombina. Colombina sintió la ano de Pierrot que le acariciaba el cuello. Pierrot sintió la mano de Colombina que le apretaba la mano. Colombina y Pierrot salieron del baile tomados del brazo. Una pared los detuvo. Ninguno de los dos se animaba a quitarse el antifaz. Oían la música de la orquesta. Se acariciaban las manos. Ella fue más valiente; se sacó el antifaz y dijo:

- Esta es mi cara.

Él se sacó el antifaz y dijo:

- Esta es mi cara.

Se quedaron mirándose un largo rato y se besaron. Volvieron a ponerse el antifaz y siguieron bailando.

Un mes después se casaron. Nueve meses después tuvieron un hijo.

El llegó a la casa con una jaula.

- ¿Qué es eso? –Preguntó ella.

- La cuna –respondió él.

Ella entró en la jaula con el hijo en brazos. Después entró él y cerró la puerta. Los tres se quedaron en la jaula, y fueron muy felices. Cantaban y se abrazaban con las alas.

Libro del río / alberto muñoz

Libro del río


Quizá sea el primer hombre que publica su libro en el agua; en esta competencia desleal, ser primero participa de la tontería; tampoco se me escurre que, de un modo u oro, todos los hombres publican su memoria en tazas o en hijos o en mujeres editables; lo que narro ha sido una fiesta o una boda: durante semanas, escribí sobre el agua del río Espera un libro sucesivo de poemas, los instrumentos han sido palabras y una rama (siempre la misma) del álamo.

Allí está, navegando abierto o cerrado quién sabe por los diversos modos del Paraná.

Los poemas fueron breves porque el agua todo lo deshace. No ha sido publicado para conservar mi nombre sino el de la lectura, un libro para leer en el agua de las aguas. Si la gramática del líquido es posible, también los perros beberán en las orillas letras o diéresis; puede que mi antiguo perro negro perdido en el monte arroyo Felipe se encuentre con su nombre o con algo de mí que reconozco: la barba, el ojo que lo amaba.

He sido feliz mientras escribía con la rama, feliz en los escalones del muelle; habrá que esperar que el castellano del Tajo lo decline, que el Támesis lo lleve a su lengua y que el Nilo lo permita en su inmensa biblioteca.

Alberto Muñoz

Balada del Paraná / rafael alberti

Balada del Paraná

(Ella) canta:

...hoy el Paraná respira con aliento de azahares,
con el azahar me voy, no me detengais,
llego a costas que me llaman, me aposento en litorales...,
me voy, no me detengais,
por alli andaba la Mar dentro de los naranjales, me voy..."

(El) recita:

...cuando pase la Mar, mi cabeza será blanca, y mi corazón tendrá
blancos también los cabellos el día que pase el mar, pero una cosa en
mi sangre siempre el viento moverá, (verde cuando pase el día que
vuelva a pasar la Mar, barrancas verdes del río...)"

Rafael Alberti

La generación de Bidu

La generación de Bidu


Crecimos con los Beatles. Las primeras pitadas de Saratoga sin filtro las hicimos una tarde mientras jugábamos a la payana en la plaza Colón. A nosotros nos tocaron los cuatrocientos golpes y nos quedamos sin aliento en una estrada cualquiera, mientras contemplábamos el anochecer de días agitados. La niñez quedó atrás junto a los caramelos Misky, el tintero involcable y el olor a mandarinas. Nos llevábamos el mundo por delante. Salimos a la calle a gritar palabras felices o incoherentes, pateamos el tablero, desvestimos los santos, metimos el dedo en la llaga, rompimos todos los esquemas y tiramos los pedacitos al viento de la historia.

Pero claro, después vino lo otro. Una inmensa nube inundó nuestro mundo. En aquellos días, al levantarnos, los presentimientos nos asaltaban a punta de pistola. Todos en mayor o menor medida eramos sospechados de ser sospechosos. Éramos culpables de algo. Fumábamos toda la noche con el corazón hecho una fiera mientras esperábamos oir las botas del domador. Nuestros amigos arrancados de cuajo de nuestras vidas quedaron detenidos en el tiempo. A esas fotografías inexactas, a esas malas copias que nos dejó la muerte, las escondíamos en los pasadizos de la memoria para no despertar las iras de las fuerzas de seguridad. Algunos se volvieron moscas de tanto sonreir a las arañas, pero otros se volvieron viento, canción, poema, memoria...la flaca Titilo, el Pelusa, el Gordo Ramos, el Petiso Acevedo, la Turca Flores, el Pato, el Coqui...

Si pasan por el Dique San Roque arrojen una rosa blanca. No pregunten por qué. Nadie se cura de espanto. Eso no lo sabe el domador.

María Grutti

Si es posible

Si es posible

Para ellos, el asiento de la ventanilla,
la mejor parte del jamón del medio.
Para ellos las hadas, los duraznos, las cosquillas.
Para mi los retos, la vejez, el tedio.

Para ellos la zona tibia de la cama en el invierno,
el lado fresco de la almohada en los veranos.
Para ellos empezar la primer hoja del cuaderno,
para mí, el despertador que suena bien temprano.

Para ellos el olor a albahaca y todos viernes,
para ellos el muslo del pollo y los Havanna.
Para mi los apretujes en los trenes,
los tormentos, la estrechez, las pocas ganas.

Para ellos las caricias con pinceles en la nuca,
la dicha de un domingo con abuelos,
las frutillas con crema y mucha azúcar.
Para mí, el albañil que no termina, los desvelos.

Para ellos los ratones, Papá Noel, los Reyes Magos,
la banana de la ensalada de fruta, el kanikama.
Para mí las expensas, el mecánico, los pagos,
para ellos un ratito de quedarse en nuestra cama.

Para mí el insomnio y viajar parado en colectivo,
las tapas del pan lactal endurecidas,
las jaquecas, los problemas digestivos,
los calambres, los engaños, las partidas.

Para ellos las tardes de jugar en la vereda,
el cine, el circo, el sol, los elefantes.
Para mi, lo que quede si es que queda
que teniéndolos felices ya es bastante.

Las espinas del pescado atragantadas,
los esguinces, las fracturas, los desplantes,
la fiebre, las toses, las patadas,
el mal modo, las respuestas humillantes,
los dolores de muelas, lo terrible,
la inacción, las contracturas en el cuello.
Al tratarse de mis hijos, si es posible,
que me duela todo a mí en vez de a ellos.



SEBASTIÁN MONK

qué es poesía / nicanor parra

Qué es poesía

La fundación del ser x la palabra
Poesía eres tú
todo lo que se mueve es poesía
Lo que no cambia de lugar es prosa

Pero qué es poesía
todo lo que nos une es poesía
Sólo la prosa puede separarnos

Sí pero qué es poesía
Vida en palabras
Un enigma que se niega a ser
/descifrado x los profesores
Un poco de verdad y una aspirina
Antipoesía eres tú

Nicanor Parra

Por la carretera de Sintra

Por la carretera de Sintra

Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra,
al luar y al sueño por la carretera desierta,
conduzco a solas, conduzco casi despacio,
y un poco me parece,
o me esfuerzo porque un poco me parezca,
que sigo por otra carretera,
por otro sueño, por otro mundo,
que sigo sin que haya Lisboa atrás dejada o Sintra a la que llegar,
que sigo,
¿y que más puede haber en seguir sino no parar, proseguir?

Voy a pasar la noche en Sintra por no poder pasarla en Lisboa,
mas cuando llegue a Sintra me apenará no haberme quedado en Lisboa.
Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
siempre, siempre, siempreesta desmedida angustia del espíritu por nada
en la carretera de Sintra o en la carretera del sueño o en la carretera de la vida...

Maleable a mis movimientos subconscientes del volante
galopa por debajo de mí conmigo el automóvil prestado.
Sonrío del símbolo al pensarlo, y al girar a la derecha.

¡Con cuántas cosas prestadas voy yendo por el mundo!
¡Cuántas cosas que me prestaron conduzco como mías!
A la izquierda la casucha -sí, casucha- al borde del camino.
A la derecha el campo abierto, con la luna a lo lejos.
El automóvil, que hasta hace poco parecía darme libertad,
es ahora una cosa en donde estoy encerrado,
que sólo puedo conducir si en ella estoy encerrado,
que sólo domino si me incluyo en ella y ella me incluye a mí.
A la izquierda, ya atrás,
la casucha modesta, menos que modesta.

Allí la vida debe ser feliz, sólo porque no es la mía.
Si alguien me vio por la ventana soñará: ese sí que es feliz.
Para el niño que atisbaba detrás de los cristales de la ventana de arriba
tal vez yo haya quedado (con el automóvil prestado) como un sueño, como un hada real.

Para la muchacha que al oír el motor miró por la ventana de la cocina,
desde el piso de abajo,
tal vez yo fuese algo así como el príncipe que hay en todo corazón de muchacha,
y de reojo pegada al cristal me siguiese hasta la curva en que me perdí.
¿Dejo los sueños a mi espalda, o será el automóvil el que los deja?
¿Yo, conductor del automóvil, o el automóvil prestado que conduzco?
En la carretera de Sintra al luar, en la tristeza ante los campos y la noche,
mientras conduzco el Chevrolet prestado desconsoladamenteme
pierdo en la carretera futura, me sumo en la distancia que alcanzo,
y en un deseo terrible, súbito, violento, inconcebible,
acelero...
Pero mi corazón quedó en el montón de piedras del que me desvié al verlo sin verlo,
junto a la puerta de la casucha,
mi corazón vacío,
mi corazón insatisfecho,
mi corazón más humano que yo,
más exacto que la vida.
En la carretera de Sintra al filo de la medianoche,
al luar,
al volante,
en la carretera de Sintra,
qué cansancio de la propia imaginación,
en la carretera de Sintra, cada vez más cerca de Sintra,
en la carretera de Sintra, cada vez menos cerca de mí...


Fernando Pessoa

Lunes / luis maría pescetti

Lunes

A veces falta poco.
A veces falta un brazo.
A veces falta una palabra.
A veces no falta nada.
A veces falta un abrazo.
A veces falta silencio.
A veces falta estar solo.
A veces no falta nada.
A veces falta un paisaje.
A veces falta vuelo.
A veces falta arrojo.
A veces no falta nada.

Luis María Pescetti

primero mirando al espejo / freddy peñafiel

primero mirando al espejo...
hoy soy un fabricante de felicidades
pescador
lanzador de anzuelos

te busqué
esquinando de casa
no llegaste
o habías pasado color sombra en pared
no te hiciste cuerpo
ni luz

volé al lugar en el que estabas
esperé otra vez
me encendió motor

necesitaba verte
estacionarme para tí
extrañarte

estoy llenito de vos
y ni lo sabes
qué injustos pueden ser los días de tormenta eléctrica
truenos
luna

asterisco: espero que mejores pronto prontito...

Héctor Faciolince, Tratado culinario para mujeres tristes

Receta


Haces volteretas con el cuerpo y la imaginación para evadir la tristeza.
¿Pero quién te ha dicho que se prohíbe estar triste? En realidad, muchas veces, no hay nada más sensato que estar tristes; a diario pasan cosas a los otros, a nosotros, que no tienen remedio, o mejor dicho, que tienen ese único y antiguo remedio de sentirnos tristes.

No dejes que te receten alegría, como quien ordena una temporada de antibióticos o cucharadas de agua de mar a estómago vacío. Si dejas que te traten tu tristeza como una perversión, o en el mejor de los casos como una enfermedad, estás perdida: además de estar triste te sentirás culpable. Y no tienes la culpa de estar triste. ¿No es normal sentir dolor cuando te cortas? ¿No arde la piel si te dan un latigazo?

Pues así el mundo, la vaga sucesión de los hechos que acontecen (o de los que no pasan) crean un fondo de melancolía. Ya lo decía el poeta Leopardi: "como el aire llena los espacios entre los objetos, así la melancolía llena los intervalos entre un gozo y otro".

Vive tu tristeza, pálpala, deshójala entre tus ojos, mójala con lágrimas, envuélvela en gritos o en silencio, cópiala en cuadernos, apúntala en tu cuerpo, apúntala en los poros de tu piel. Pues sólo si no te defiendes huirá, a ratos, a otro sitio que no sea el centro de tu dolor íntimo.

Y para degustar tu tristeza he de recomendarte también un plato melancólico: coliflor en nieblas. Se trata de cocer esa flor blanca y triste y consistente, en vapor de agua. Despacio, con ese olor que tiene el mismo aliento que desprende la boca en los lamentos, se va cociendo hasta ablandarse. Y envuelta en niebla, en su vapor humeante, ponle aceite de oliva y ajo y algo de pimienta y sálala con lágrimas que sean tuyas. Y paladéala despacio, mordiéndola del tenedor, y llora más y llora todavía, que al final esa flor se irá chupando tu melancolía sin dejarte seca, sin dejarte tranquila, sin robarte tu tristeza, pero con la sensación de haber compartido esa flor inmarchitable, con esa flor absurda, prehistórica, con esa flor que los novios jamás piden en las floristerías, con esa flor de col que nadie pone en los floreros, con esa anomalía, con esa tristeza florecida, tu misma tristeza de coliflor, de planta triste y melancólica.

Héctor Faciolince, Tratado culinario para mujeres tristes

EN ELLA / macario

EN ELLA

En ella se resguardan virtudes.
Hay abejas que producen sentimientos.

Por ella el miedo tiembla de miedo,
porque no le espanta lo nuevo.

Las horas toman tiempo en su piel,
y se desgranan en minutos de regodeo.

También nacen flores de su vestido,
y elevan sus olores al cielo de sus pechos.

En sus cabellos se enredan ideas, historias,
sus miles de vidas con sus miles de secretos.

Las manos de ella se extienden al sol
trazando el camino que lleva al sueño.

En ella mi alma toma descanso y saborea el amor.
De ella, el calor, da calor a mi deseo.


Macario

Soneto da fidelidade / (del ciro, bueno no de él pero sí de él)

este soneto llegó a mi mail hace poquito y vaya que me conmovió.. gracias no sólo por las letras sino por el sentimiento... te quiero tanto!


Soneto da fidelidade

De tudo, ao meu amor serei atento
Antes, e com tal zelo, e sempre, e tanto
Que mesmo em face do maior encanto
Dele se encante mais meu pensamento.

Quero vivê-lo em cada vão momento
E em seu louvor hei de espalhar meu canto
E rir meu riso e derramar meu pranto
Ao seu pesar ou seu contentamento.
E assim, quando mais tarde me procure
Quem sabe a morte, angústia de quem vive
Quem sabe a solidão, fim de quem ama
Eu possa (me) dizer do amor (que tive):
Que não seja imortal, posto que é chama
Mas que seja infinito enquanto dure.

Soneto de la fidelidad

En todo, le seré a mi amor atento
Antes, y con tal celo, y siempre, y tanto
Que incluso en frente del mayor encanto
De él se encante más mi pensamiento.

Quiero vivirlo en cada momento
Y en su loor he de esparcir mi canto
Y reir mi risa y derramar mi llanto
Ya para su pesar o su contento.
Y así, cuando más tarde me procure
Quizás la muerte, angustia del que vive
Quizás la soledad, fin de quien ama
Pueda decir del amor (que tuve):
Que no sea inmortal, puesto que es llama,
Mas que sea infinito mientras dure.

Versos de la Tierra

Versos de la Tierra

Ancha para seguir mirando
vasta para seguir andando
seca para conservarte honesto
punzante para hacerte fuerte
verde para continuar viviendo
vieja para darte sueños.

Gary Snyder
Versión de Nacho Fernández
Nikki Isham: Anty arregla carros
Trabajo de mierda
Sara Littlecrow-Russell

En un sueño ayudo a un viejo guerrero
a internarse en los bosques para morir
apacible como rugosa hojarasca
que buscara su sitio al pie de un viejo maple.
Conforme avanzamos, siento la muerte
empezar a envolverle el cuerpo frágil
con su roja cobija.

Entonces él me dice que necesita cagar.

Me arrodillo y meto las manos
en la suavidad de la tierra,
mis uñas rascan como garras de tejón.
Cavo un hoyo estrecho
y le sostengo el equilibrio al viejo
en el borde.

Lo limpio con hojas frescas
y arrugadas servilletas de papel
de las que dan en los restoranes
de comida rápida
y que cargo en los bolsillos del abrigo.
El papel se agita en mis manos
como banderas de plegaria.
El guerrero me sonríe y susurra:
"Hija, grande es el honor en el trabajo de la mierda".


Sara Littlecrow-Russell es una de las mejores voces nuevas de la poesía
nativoamericana en inglés. De origen anishinabe y han-maxi-metís, es abogada y activista por los derechos de las minorías y contra la violencia doméstica. Los secretos poderes del nombrar (The Secret Powers of Naming, University of Arizona Press, Tucson, con prólogo de Joy Harjo, 2006) es su primer libro. Traducción: HB

La longevidad de la memoria

La longevidad de la memoria

Cualquier tiempo de vida es absurdamente corto
si se le compara con la longevidad de la memoria.

John Berger, De A para X

Responde tu, de Nicolas Guillen

jueves 21 de agosto de 2008

Responde tu,
de Nicolas Guillen

Hoy nos ha robado el enemigo un nuevo soldado... otro que se va porque no soporta las privaciones a que nos someten esos mismos cuyas huestes va a aumentar... a él, por el cariño inmenso que le profeso, porque sé que nunca podrá ser completamente feliz bajo otro cielo, porque no soy yo la que ando perdida... le dedico este poema de Nicolás Guillen, que musicalizara Pablo Milanés:

Responde tú, de Nicolás Guillen

Tú que partiste de Cuba
responde tú
dónde hallarás verde y verde y azul y azul
palma y palma bajo el cielo,
responde tú.
Tú que tu lengua olvidaste
responde tú
y en lengua extraña masticas
el "well" y el "you"
cómo vivir puedes, mudo
responde tú.
Tú que dejaste la tierra
responde tú
dónde tu padre reposa bajo una cruz
dónde dejarás tus huesos
responde tú.

Ah desdichado!, responde
responde tú
dónde hallarás verde y verde y azul y azul
palma y palma bajo el cielo,
Responde tú...

Carta II / Carilda Oliver Labra

Carta II
Carilda Oliver Labra

Llueve contra la tarde y tu retrato.
La mariposa enferma su alegría.
Sobre el tintero se quedó vacía
la pluma con que escribo. Duerme el gato.

Miro para la sal, para el zapato,
para la tarde que se pone fría.
Nada me pertenece. Se diría
que el cielo se ha mudado por un rato.

Como la brisa reza y el mar arde,
las muchachas que están bajo la tarde
se sonreirán en todos los espejos.

Como es domingo, como nadie llora,
yo echaré mis claveles en la hora
sin acordarme de que tú eres. lejos.

A mis padres / alberto montoya

A mis padres:
Manuela Montoya Alonso,
Amadeo Puig Raventós.


Mi padre fue Amadeo,mi madre Manuela,
raro o común romance de amo y sirvienta,
donde una mujer de voluntad libre y recia
decidió ser madre y sin saber leer en libro
supo leer a lo claro en su instinto de hembra.

Y en la negrura de una España medio muerta,
medio naciendo a la vida dió a parir tres hijos
y se deslomó para alzarlos,alimentarlos y vestirlos,
para verlos felices y largarse con esa tristeza
de quien dió su alma en misión cumplida.

Al principio solo tuvimos la ciencia de la miseria,
la calle y el barranco,la Alcazaba,el sol,la mar
y un jolgorio de calles llenas de mierda y tierra,
un clamor de pájaros,murallas,tricornios a caballo,
gallineros,pocilgas,garrapatas,piojos y chinches.

Al principio fue el hambre para todo,la ausencia
de tanto menos de la más elemental de las alegrías
y hubo guitarras,fiesta, cuevas encaladas,gitanos,
agua prestada , cubo de aguas negras y pocas bombillas,
nunca nos faltó bocado,veranos de siesta y playa.

Mi madre fue Manuela,mujer morena y ruda,
mi padre,Amadeo,un represaliado de la guerra
a quien se le conmutó la pena de muerte
para trabajar en las imprentas franquistas
de los dóciles periódicos del Movimiento.

Mi padre,Amadeo ,que nos dejó semi huérfanos,
mi madre ,Manuela, que se dejó espalda y piel
para que pudiéramos tener destino y escuela,
se dió al sueño esclavo del sudor y el trabajo,
llevándonos desde sus manos a las andanzas del futuro.

En el espejismo de una España en desarrollo
crecimos al desaire de sotanas y misterios,
años de paz ensangretada,oscuridad y silencio,
cárceles de ignorancia cercando la piel de toro
y el animal humano desposeído y prisionero.

Mi madre fue Manuela,guapa andaluza
sabia en la pobreza,huraña,tierna,humilde,dura,
mi padre,Amadeo,socialista en la Barcelona anarquista,
mujeriego,uno noventa de rubia melena,tuvo otros hijos
y ojos azules como los míos,murió ignorándonos .

Alberto me puso mi madre y Alberto me llamo,
hace algo más de un año perdí a mi hermano,vivía en Madrid,
mi hermana cumplió 52 vive en Murcia y vota derecha,
nací a favor del tiempo en Almería un 15 de febrero de 1960
y en más de una ocasión he muerto y he resucitado.

alberto montoya
20 de Agosto de 2008

 
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