Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
espero curarme de tí / jaime sabines
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los amorosos / jaime sabines
LOS AMOROSOS
Jaime Sabines
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre "¡qué bueno!" han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.
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no es que muera de amor / jaime sabines
no es que muera de amor
jaime sabines...
No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma, de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.
Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.
Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro
acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.
Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros,
separados del mundo, dichosa, penetrada,
y cierto , interminable.
Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.
Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.
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EL DEBER DE ESTOS DIAS / mi duende
Desde Vallegrande,
en los costados de la Quebrada del Yuro,
desde La Higuera,
desde la luna fría del mundo,
desde todas las cimas
de corazón humano
saltan lágrimas por Bolivia.
¡Qué dolor!
¡Qué tristeza!
Otra vez a la caza del pobre,
otra vez a la caza del indígena,
la muerte repite su lección
y la pizarra se emborrona
con el luto y el desgarro,
con la sangre de los desposeídos,
Bolivia resiste,Bolivia aguanta!
¡Qué dolor!
¡Qué tristeza!
La riqueza,esa lacra del proceder humano
enseña su autorretrato más cruel,
y entre muerto y muerto
declama al son del asesinato
el decreto que condena al pobre
a ser pobre o a la muerte,
Bolivia aguanta,Bolivia resiste.
¡Qué dolor!
¡Qué tristeza!
Que otros pueblos ofrezcan sus manos,
que otros pueblos ofrezcan su sangre,
Bolivia no se muere sin pelea,
Bolivia no morirá sola,
este es el deber de estos días,
clamen a los vientos del mundo:
en cada corazón solidario Bolivia respira.
Almería 14 de Septiembre de 2008
Alberto Montoya Alonso
domingo, 14 de septiembre de 2008
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contacto / dina posada
El austero tiempo de mi ayer
comienza en tus manos
y mi pasión se pone de pie
para luego acomodarse plena
en la codicia de tus dedos
entonces
tomo la dicha en serio
viernes, 12 de septiembre de 2008
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no vas a ser un ángel
NO VAS A SER UN ÁNGEL
Rafael Grillo
Se dice que el Cielo está negado a los suicidas. Que se escriban poemas recordando sus muertes --o sus vidas-- puede ser uno de los tormentos que les destine el más allá. Este cuaderno está dedicado a la memoria de Raúl Hernández Novás, un poeta grande que dio fin a su existencia con mano propia el 12 de junio de 1993. Los tres primeros poemas fueron nombrados con versos suyos. El cuarto transcribe a una probable lengua exclusiva de los sueños su soneto Recuérdame. El quinto es el poema que quizás hubiera escrito para el francés Gérard de Nerval (1808-1855), alguien que se le anticipó en las letras, en la vida y en la muerte. La sexta es mi visión de sus pasajes al acto quebradizo de
la locura.
I
El que ibas a ser está esperándote
Ya no basta la vida hay que viajar.
Raúl Hernández Novás
Regresa de la estación adonde alguna vez
se llevara a sí mismo por equipaje,
en la que tomara asiento en procura del viaje.
Trae en la solapa el tulipán negro que fabricó en un sueño.
Sobresale del bolsillo el pañuelo con que el sobrino duende
le dio lustre a la punta de los zapatos.
Casi elige impactarse contra el poste
al doblar la esquina, dividido entre:
1) evitar el coche marrón de los recién casados.
2) disciplinar los vaivenes de la pierna izquierda
--exhausta ya después de las seis de la tarde--.
3) zamparse a puros ojos el culo de la mujer
del cocinero de los altos.
¿Quién no bendice al hijo pródigo
que regresa de colonias lejanas,
aunque traiga más embustes para repartir
que fortunas por contar?
"Traigo en las medias manchones
del cieno de las marismas.
El mistral mediterráneo puso
el color del polvo en mis cabellos.
Arrastro el dolor de mi perro devorado
por un oso en el Klondike.
La culpa del asesino me persigue
desde que degollé por Carmen en Sevilla.
La linfa de los toros a los que desafié a muerte
me enrojece las uñas.
Devoraba café y croissants con apetito de hombre
la mujer de mi vida, y cuando adiviné que lo era
se la tragaban ya los pasadizos del metro de París.
Mi otro yo, el que a mi se parece como una gota a la otra,
es moro y mercader en Venecia.
Reencontré en Egipto a Alejandro,
el amigo de la infancia... ¡quién lo fuera a creer!".
Urde pasados su mente
mientras acaricia en el cuello
el recuerdo del duelo contra el tiburón.
Lleva de amuleto el colmillo del bruto
que le mordió pierna y balsa
--quizás, de todo lo que porta, lo único real.
Titubea, sin embargo, al llegar ante la entrada.
Se vuelve y enfrenta con la suya las miradas del vecindario:
Recelosas
(Aquella, la secretaria de la Asociación, la mujer del comisario),
Envidiosas
(La de enfrente, que te codiciaría hasta la bóveda del cementerio),
Ambiciosas
(Esa de al lado, la muy perra, te regalaría ahora su cachorrita
como la vendió antes al hijo del empresario).
Pero no se distrae más: he knocks to the heavens doors...
"El que ibas a ser está esperándote"
--le habían advertido--.
Y ansioso está por reencontrarse con
el verdadero.
II
Aloja los futuros espejos insondables
a L. L., gallina ciega siempre al pie de algún abismo
Tiene debajo del ala la verdadera oscuridad.
Ha buscado que el contraste de sombra y suelo
confunda a las legiones cabizbajas
(amenazadas con nubes de plumas y lombrices por venir).
Teje con hilos de Ariadna fugas
hacia el interior del gallinero.
Aloja los futuros espejos insondables en el nido.
Autografiados por enemigos que ya no volverán a serlo,
los oculta bajo piedrecitas pintadas y cadáveres de hojas.
Y empolla por vicio, con la misma obstinación paciente
que la caverna pare estalactitas.
"Aristóteles dixit es la clave de su oratoria.
Su verbo cosido a la carne petrificada del pico
ambiciona la sensatez de los muertos"
--ironizó alguno, poco antes de quedar aplastado
bajo el pisotón de un amante ofendido.
Cuando un gallo gitano indaga sobre el paisaje
tras la próxima colina, le dibuja en respuesta
el house tree person alrededor del buche.
La ceguera que le garantiza afectos y privilegios en el comedero
no es simulada, mas la verdadera oscuridad...
¡Ay! Aloja los futuros espejos insondables...
ambiciona... confunde a las legiones cabizbajas...
pare estalactitas con la misma obstinación paciente...
teje hacia el interior... dibuja house tree person...
Con tal despliegue de estrategias
poco tardará en imponer la superioridad de las gallinas ciegas.
III
¿No sabías que existía la ballena blanca?
"Pero... ¿no sabías que existía la ballena blanca?"
Y ella me deja asomarme al catálogo de sus ignorancias:
ahí, donde ni tan siquiera había preguntas
coloco verdades tal vez inútiles.
Capaz me cree de colocar una palabra
en cada centímetro de su silencio.
Como si fuera Budha inventándole el mundo
en cada exhalación.
"Pasa toda su vida donde nació: ese es el árbol".
"Corre hacia delante mirando detrás: así es el tiempo".
"Te espera adonde vas: esa es la muerte."
"La ves solo al caer y nunca cuando asciende: así es la lluvia".
Un día la sorprendo indagando
acerca del murmullo de las caracolas en el oído.
"Es el llanto de una mansión vacía", le digo
como piedra que sepulta otra incertidumbre.
Ella sopesa la inmensidad del mar y
la invito a descubrir sola la mentira del horizonte:
--¿Será que no es el fin de todo?
¡Me enferma que sostenga la duda donde halló solución!
--¿Qué es un hombre?
Como asumo que discierne sobre la razón de mi sexo,
le entrego mi opinión de solitario: "Es un Adán consternado
que se saca todas las costillas y ninguna Eva".
--¿Por qué no me amas?
Le dibujo mi corazón como una superficie lisa
y con bordes por los que resbalarían los cariños de los otros.
Omito adrede trazar las hendiduras.
Se palpa repetidamente antes de dispararme su sorpresa:
--Entonces... ¿es diferente al mío?
"Si". La engaño por segunda vez:
¡Cuán odiosa se me hace tanta inocencia!
IV
Decárueme...
Decárueme, pat efoi larambiloso
raste lour des un dai alí, ton perque.
Tru eke malabas im risona ferque
an im fudiso malar sas ulefiones.
Oin eke nin lobes , oin eke ti champoso
olar ulefiero noc golea im urpeta,
raste perseando kamo presmie arbieta
"Cantre, avin, Oix tie pligo eke derpones".
Ti promo eke Oix simos noc dupiera
pecir une balapra eke xiceplara
kámo avino sei malor, kámo is efueme.
Oin eke noc rastés, oin eke res alienera
lobe to imi yeos ta risona klara .
Ponpe ekuera eke rastes, decárueme...
V
Tarot para Nerval
Yo soy el tenebroso, el viudo, el inconsolado.
Gérard de Nerval, El Desdichado.
Miente el Tarot...seguro estoy que me miente.
¿O me consuela ella?
No llegarás tú. Nadie acudirá a la fiesta
en el castillo del IV de bastos. Esa pareja
que alza las coronas de flores
no saltará a la realidad: son apenas réplicas
de los ilusorios habitantes de los sueños.
De nada vale que el Príncipe incline
la balanza de la justicia a mi favor. Lleva el XI.
¿Habla de septiembre? Mal augurio. Y está a la izquierda.
Es una carta herética. El principio del fin:
"El equilibrio entre pasión y razón.
El espíritu lleva las bridas del instinto
y cabalga por el sendero del amor".
Pienso entonces: "Misteriosa ruta. Engañosa.
Estaba más seguro antes, instalado
en la paradoja de ser el maniquí de los deseos".
La pitonisa insiste: "Solo el corazón puede ser tu guía".
Mas, ¿cómo puedo dejarme conducir
por una copa vacía, desangrada por mil grietas?
¡Con tantos bastos que me ha dado la vida!
En ese VIII a la derecha,
es solo un ínfimo fragmento de ti
el que se retira hacia las sombras, mientras la mayor parte
--insiste la que inventa los destinos en las cartas--
celebra la epifanía del amor y la materia.
¿Por qué forzar a las profecías
a ser complacientes? Si yo me he reconocido entero
en aquel que pone río por medio entre sí y los placeres.
¡Y no llegarás tú para disuadirme!
Entonces me toca ser el ermitaño,
al que la opaca luz de la luna cree mostrar
el sendero a la montaña. ¿Para qué?
Si puedo recorrer el camino a ciegas, sólo
tengo que seguir las huellas de la soledad
en mi memoria.
VI
De vuelta al día de todos los días
De vuelta al día de todos los días
ingreso al hospital con los demás dementes.
El fantasma de una existencia anterior a los recuerdos
atraviesa el pabellón, me invita
a seguirle de nuevo a través del hueco
labrado en la pared para las fugas.
Me niego con el dedo extendido
y trazo luego un círculo alrededor de mi rostro.
Compruebo el nivel del agua en el vaso sobre la mesita:
sólo una pulgada se ha evaporado desde la última vez.
Maurice Blanchot, el enfermo de la cama de al lado,
no cesa de hablarme de la inminencia del desastre,
y alcanzo a fijar la frase final de su letanía:
"Aprende a pensar con dolor".
Pero ese consejo alguien me lo tendió ya
en una era remota donde no sirvió de mucho.
El médico pasa, me sonríe, tiende la pastilla.
Yo simulo, la guardo bajo la lengua, la escupo después
porque los placebos suelen producirme raras indigestiones.
Me acerco a mirar por la ventana,
una voz de adentro me dice que disfrute el paisaje
y razones no le faltan:
Afuera las bombas caen iluminadas como cristales de cuarzo.
Un elefante se desploma con un paso teatral
desangrado por la ausencia de uno de sus colmillos.
Parece que posa para la foto
ese niño que llora sobre la madre muerta.
Imita bien a Terence Hill el adolescente
que hace dar volteretas a la pistola
antes de descargarla sobre la perra del vecino.
Una mujer con el rostro idéntico al de mi madre
prepara la cena trescientos sesenta cinco del año
y me aquieta el hambre la visión del potaje y la ensalada.
Harto de tanta belleza y felicidad
me tiendo a reposar,
alcanzo a gozar de la blancura impoluta del techo
aunque la imagen de una noche estrellada y con luna,
salida de la pertinaz memoria de otro tiempo,
amenace con inquietarme.
El tipo de enfrente ha puesto muy alto melodías en la radio
y eso lo ayuda a dormir
hasta mañana
que es el único día.
.llegará un día, sin embargo, en el que se verá que esto vale más que el precio que nos cuesta el color y
mi vida, en verdad muy pobre.
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ETCÉTERA ANATEMA
Jorge Castillo Fan*
Poeta peruano.
ETCÉTERA ANATEMA
Debiera haber punto final así nomás de golpe
como esos atropellos súbitos donde no hay tiempo de quejarse
Tal vez tres suspensivos en libarnos el reposo
y nos estos etcéteras hirientes en fondo cruz de llantos
Debiera haber paréntesis ligeros que ahorquen nuestro infierno
hasta hacerlo un blanco silencio en polvo
Ni una sola coma más para los pasos
Jamás etcéteras que apiñan tantas llagas
más sombras
más espinas
presagiadas en ácidas tijeras de otros pasos
Leyenda amarga que sangra siempre en los caminos
(De Eco del fuego)
Tú sabes que nunca tuve edad
sólo latidos
para anunciar todo el rocío
que escancia tu cuerpo
sobre el último lirio del deseo
Sólo este canto
que a flor de sed creciente
subraya mi destino
Sólo esta nave insomne
que vara en ti sin que lo sepas.
(De Revolver del amor)
Hubo un jardín o fue el jardín un sueño?
J. L. Borges
¿Hubo luna en nuestro sueño
o fuimos un error con dos ventanas?
(el puente de tu cuerpo se me apaga)
¿Hubo error en nuestro sueño
o fuimos las ventanas de la luna?
(el puente de mi cuerpo se te apaga)
¿Hay lunas?
¿Hay sueños?
¿O sólo error? (y sin ventanas)
Y sin embargo he sido error (tú : mi ventana)
Y eras un sueño
(Yo fui tu luna en la ventana)
(De Canción triste de cualquier hombre)
Y si todas estas lámparas de insomnio
me descubren sin alas / sin espejos
con el mirar como una página vacía
la voz en trance de ceniza
y el alma postulando para lluvia
Y si de repente
me desnudo ante el silencio
como un llanto sin nombre y sin destino
el pecho juntando sus escombros
y los cuervos robándome tu nombre:
Sabré que eras un sueño.
(De Lámpara de fiebre)
Trozos de nada
y una suma de silencios ciegos
La llamarada del recuerdo que desata la lluvia
(ojos nadando en la tristeza)
El ala única e inversa
Caer caer caer
Ese vacío de líneas invisibles
mapa de vértigo / viento erizo
Tocar el fondo
Trepar la escómbrica escalera
(la carne más la herida
el aullido copulando la palabra)
Salir al callejón de otro comienzo
tras las huellas de sangre
el sueño en diáspora de polvo
y el amor agujereado por todos tus olvidos.
(De Yo Soy Aquel Espejo)
Restos
Restas
Llave de memoria
que escancia lo soñado
Lo que estalla
en humos de fracturas
El doble eclipse
que asoló los nombres
sobre las ánforas de hielo
Descamina el inverso pie del corazón
Insomnes, insombres
brazos-brasas
tras la líquida extensión de los ocultos
Y en todo trance
somos polvo
¿Cómo ignorar tu celosía de ayes?
¿Cómo enterrarme, Nadie,
sin proclamarte fulmínea puerta de recuerdo?
Trazos
Trozos.
(De Ojo danzante)
Errante dolor
entre las ciénagas de hartazgo
La mitad del amor
estrellándose entre cruces
nave de carne
faro de llanto
(alguna vez de no abras(z)arme
sufrirá el sufrir
su cápsula de llanto)
Desnuda fiera de la voz desenterrada
la flecha del fuego
nombrándose en reveses
(ya va a llegar mi corazón de los desvelos)
¿Pero qué viento me define
indómita ráfaga de insomnio?
¿Qué ojo del instinto indefinido
despierta mis terquísimos gatillos?
Navego y punzo hasta astillarme.
(De Ojo danzante)
* Textos publicados gracias a la cortesía del Sr. Serafín Piedra, Editorial Delirio, Perú.
Publicado por Cheqa en 16:08 0 comentarios
días de reparaciones...
DÍAS DE REPARACIONES
Edelmis Anoceto Vega
***
LLUEVE DENTRO DE MÍ, como sobre las ascuas, esa lluvia intangible que me obliga a olvidar. Una vez más la espera, los cristales, en un rapto se funden y en mí se multiplican como seres ambiguos. Es preciso entenderlos, dejarlos en su sitio, cada uno un milagro, cada uno un enigma que pasa por mi lado. Una vez màs el párpado entreabierto y lo que pasa afuera sin otra semejanza que esta suerte violada por los años. Una vez más, enemiga memoria, te sé tras los cristales. ¿Para los ojos cae esa morada lluvia? ¿Otro es quien da a tu cuerpo soledad? La casa de la luz azul está cerrada. El bosque está cerrado. Está cerrada la hoguera. Hay una estación donde callan los hombres y está cerrada. Están cerrados los templos, las guerras, las palabras. Oh cause de palabras, está cerrado el parto, la pregunta. ¿Para los ojos cae esta morada lluvia?
Llevo en el corazón temibles adicciones, signos que son mi nombre y mi dibujo. Por ellos aprendí los barcos en la niebla, los muertos esculpidos, las tumbas y los dioses. Estuve preso en ellos, yo los vi padecer la errancia merecida por los cuerpos que maldije. Soy frío, sostengo el arpón casi como ayer. Mañana no sabré las dudas en mi rostro, cada paso baldío de mi piel a la luz, cada misión del verbo. Incomprensible tú, enemiga memoria, ida de los poemas como mi aliento ahora. Descubriste mi rastro a través de las islas y has querido saber cómo brota la miel, y has preguntado dónde se bebe el agua. Porque tu casa es polvo y está cerrada y está cerrada su alba.
Un sueño, un sagrado animal que viaja sin ser visto, una constelación de naves siderales, la maniobra del ángel contra el ángel. Incomprensible tú, enemiga memoria, otro es quien da a tu cuerpo soledad.
Países, cuencas, tinieblas, que empiece la humedad a destruir los muros para que no compares tu silencio pasado con lo que hoy escapa. Azul la luz en la casa del sueño, negra su realidad. Azul en la demencia sus jardines tapiados. Llueve dentro de mí, como sobre el arrecife, todo el temor que pueden los niños inventar, los idiomas que callo por no serme infiel. Sobre mi patio llueve, aunque no sepa cuánto.
***
DE UNA VEZ Y por todas, debiera ser paciencia este dominio donde tejo el asombro. El asombro que mana de las cosas errantes, la paciencia inevitable. Tendría mi bondad que ser exacta a la hora de hacerme a la deriva. Doy con mis ojos allí donde he vivido y no encuentro respuestas. Respuestas no, ni siquiera palabras o las mentiras que iba a preguntar. Esta respiración no debiera ser mía, tampoco de mis padres el capricho de fundar el discurso donde dije que el sueño es un viaje parcial o la suma invisible de lo que no comemos. Recuerda, humana gloria, que ya nada se escribe, ya nada es caída libre ni proclama oxidada. Todo ha sido una piedra vergonzosa en la conciencia, la cuota de azar que nos faltó por temor a encontrarnos.
***
REPARO LAS ESTACIONES QUE vendrán. Aquí una piedra, una palabra aquí. los rostros de los hombres entre páginas rotas. Ellos mirando, con sus ojos mirando. Madera en la ventana donde creció mi juego sin sentir el dolor. Tomando con mis manos la braza sin sentir el dolor.
Había una calle, un sitio de sombra para despertar, pero era insuficiente la voz antes del sueño, y era inútil la espera. Había un parque con floristas y adoquines, y algún color ardía en la impaciencia, porque nada era tan posible como una calle perdida, que no puede encontrarse en los días de las reparaciones. Aquí una piedra, una palabra aquí.
La voz insuficiente ha suplido mi lengua en la imaginable hora del desierto. Hay una calle, volvía mi canción hasta sus ojos, y a su boca volvía mi sed.
***
LOS ANIMALES PIERDEN EL corazón en las apuestas con hombres diurnos y de una sola palabra. Este es un hecho desprovisto de toda casualidad e inexorable: los animales pierden el corazón. A cada bramido corresponde un espasmo en la sangre y las bestias padecen la demencia humana, añaden a sus vicios otros vicios menores. Huellas que son su escritura, movimientos intrascendentes. Por fin en el mercado apesta la nobleza de las vísceras, abundan las indecisiones y las dudas. Nunca se sabe adónde girar, en que orden tantear las frutas, con la frustración de no poder llevarlas a la boca, de no poder rodarlas calle abajo. Frutas sanguíneas, sudorosas, una vez fueron la inmortalidad.
***
LOS ADIVINOS HACEN SU agosto en el tiempo de la lluvia, tras el muro donde tiraron sus colillas los fumadores furtivos. En esta época no es preciso hablar de poesía ni tenderse en la yerba a escuchar los insectos. Como los adivinos, ellos dicen el futuro de la noche, y una noche no muere con un rayo de luz sino con el cansancio. La lluvia cala, los huesos quiebran. Solo la perfecta estructura metálica de un insecto es invulnerable. La caída de un árbol o un acto predación pueden ser ilusorios, acaso una distracción inaplazable.
***
COMO EN UN JUEGO de ajedrez insoportable, no llegaremos a saber lo que vendrá después que pase la dolencia de los astros sobre el techo de zinc. La derivación de las cosas hará posible la noche de Walpurgis, aunque nadie imagine el sexo acumulado en los amantes, la premura destilada por los reos entre fantasmas de una ciudad que no puede ser andada porque ya su milagro se descubre como una gran luna colgante, impaciente sobre los árboles.
Las figuras se idealizan y se destruyen con el viento, sus piezas vuelan por las avenidas para luego posarse en las estatuas. Y allí yo escucho absorto y pregunto "¿Puedo tocar tu milagro? ¿Puedo sacrificarme?"
Iba en el día de la muerte a inclinarme sobre un cuerpo, un cuerpo que es un lago y se desmaya sin dolor, bajo una respiración que traslada las piedras y convierte los nombres en verdades, las aves en símbolos.
Iba sobre esos abismos a navegar cuando la letanía del sueño fracasaba entre miles de sombras, buscando mi recuerdo. No conozco, yo invento una infancia perdida, dibujo los sismos en las cartas, observo puntualmente cada reencarnación de la conciencia, cada órgano extraído a la gloria. Iba a decirlo todo con la tranquilidad de ayer, pero heredé la violencia que soportan los brazos y la dificultad de los aparecidos. Asomado a las visiones de mi casa pude adivinar el suicidio de los hombres, en altares sin lujos, sin banderas bien puestas a secar sobre los sueños y conquistas de mañana.
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francisco chabot
Cuando se tiene corazón, uno es sensible, lo que lo conlleva a ser justo...
Cuando uno es justo, uno es ... sabio de cierta forma.
Ahora, el punto es: como logramos que nuestros niños y niñas tengan corazón !
Francisco Chabot
www.actuwa.org
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de anzuelos taoístas / 3 / freddy peñafiel
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Etiquetas: ecuador, freddy peñafiel
la ciudad / gonzalo millán
gonzalo millán
El río invierte el curso de su corriente.
El agua de las cascadas sube.
La gente empieza a caminar retrocediendo.
Los caballos caminan hacia atrás.
Los militares deshacen lo desfilado.
Las balas salen de las carnes.
Las balas entran en los cañones.
Los oficiales enfundan sus pistolas.
La corriente se devuelve por los cables.
La corriente penetra por los enchufes.
Los torturados dejan de agitarse.
Los torturados cierran sus bocas.
Los campos de concentración se vacían.
Aparecen los desaparecidos.
Los muertos salen de sus tumbas.
Los aviones vuelan hacia atrás
Los "rockets" suben hacia los aviones.
Allende dispara.
Las llamas se apagan.
Se saca el casco.
La Moneda se reconstituye íntegra.
Su cráneo se recompone.
Sale a un balcón.
Allende retrocede hasta Tomás Moro.
Los detenidos salen de espalda de los estadios.
11 de Septiembre.
Regresan aviones con refugiados.
Chile es un país democrático.
Las fuerzas armadas respetan la constitución.
Los militares vuelven a sus cuarteles.
Renace Neruda.
Vuelve en una ambulancia a Isla Negra.
Le duele la próstata. Escribe.
Víctor Jara toca la guitarra. Canta.
Los discursos entran en las bocas.
El tirano abraza a Prat.
Desaparece. Prat revive.
Los cesantes son recontratados.
Los obreros desfilan cantando
¡Venceremos!
Fragmentos del poemario "La Ciudad" de Gonzalo Millán
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definitivamente jueves / waldo leyva
waldo leyva
Quiero que el veintiuno de agosto
del año dos mil diez,
a las seis de la tarde como es hoy,
pases desnuda atravesando el cuarto
y preguntes por mí.
Si estoy, pregunta, y si no existo,
o si me he extraviado en algún lugar de la casa,
de la ciudad, del mundo,
pregunta igual, alguien responderá.
El primero de enero del año dos mil uno será lunes
pero el veintiuno de agosto de la fecha indicada
tiene que ser definitivamente jueves
y el calor, como hoy, agotará las ganas de vivir.
Las calles serán las mismas para entonces,
los flamboyanes de efe y trece seguirán floreciendo,
muchos amigos no estarán
y el tiempo habrá pasado por la historia de la casa,
de la ciudad, de mi país, del mundo.
Quiero que el veintiuno de agosto, al despertar,
prepares la piel
_________el corazón
________________las ganas de vivir.
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CANCION PARA LOS VALIENTES
Letra y Música Alí Primera. Intérprete: Alí Primera
Ya no sopla el viento arriba
bajó de la coordillera
pasó rasando en Santiago
calentando las trincheras
Canción de huesos chilenos
de lo profundo de adentro
canción para los valientes
que la cante Víctor Jara
una canción de Violeta
para el compañero Allende
La montaña quedó muda
partida por la mitad
no canta Pablo Neruda
los versos del General
porque era mucho poeta
para ver morir su pueblo
y sobrevivir al hecho
Déme un fusil compañero
que me duele la garganta
y yo sé que pa' más luego
no servirán las guitarras
Igual que el circo de Roma
donde mataban cristianos
por defender una cruz
¡casi no han cambiado nada!
siguen matando cristianos
por defender una cruz
en el pecho... Cruz Gamada
Toma tus manos, toma tus dedos
te las devuelven la gallá
cántale Víctor, cántale al pueblo
que se alza la llamarada
Dispará, dispará, chileno dispará
dispará, dispará, dispará
por América dispará
Toma tus manos, toma tus dedos
te las devuelven la gallá
cántale Víctor, cántale al pueblo
que se alza la llamarada
Dispará, dispará, chileno dispará
dispará, dispará, dispará
por América dispará
Toma tus manos, toma tus dedos
te las devuelven la gallá
cántale Víctor, cántale al pueblo
que se alza la llamarada
Dispará, dispará, chileno dispará
dispará, dispará, dispará
por América dispará
Ya no solpa el viento arriba
bajó de la coordillera
porque el viento es frío arriba
y él bajando, se calienta
pasó rasando en Santiago
calentando las trincheras
bazucazo a La Moneda
Canción de huesos chilenos
de lo profundo de adentro
canción para los valientes
que la cante Víctor Jara
una canción de Violeta
para el compañero Allende
(recitado)
"Llegará el día
en que nuestro continente
hable con voz de pueblo unido:
Allende, Allende, Allende, Allende
Allende, Allende, Allende, Allende"

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Hoy te recuerdo
Hoy te recuerdo
Con sangre entintaste mi reuerdo
mi silencio te acopaño por mucho tiempo
hoy mi rabia y mi grito reclaman tu presencia
en el tiempo de mis recuerdos
Hoy te recuerdo
libre y con vida
vida que cegaron
las balas asesinas
Ellos no serán olvidados
en el juicio de la historia
culpales de genocidio
esa sera su sentencia
y a ti te recuerdo
libre y con vida
libre paa decir tu pensar
y una vida para lucha
Ego37 en un minuto de silencio
11/9/2008
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HOMBRE DE LA PAZ (M. BENEDETTI)
SALVADOR ALLENDE
Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y ademas los aviones y los tanques
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama
porque el hombre de la paz era una fortaleza
para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar más para seguir matando
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza
para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa
una armada una hueste una brigada
tuvieron que creer que era otro ejército
pero el hombre de la paz era tan sólo un pueblo
y tenía en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios más tanques más rencores
más bombas más aviones más oprobios
porque el hombre del paz era una fortaleza
para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte
matar y matar más para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo
Vientos del Exilio
(Mario Benedetti)
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Etiquetas: mario benedetti
SECRETOS DEL MONJE LOUIS
SECRETOS DEL MONJE LOUIS
Luis Felipe Rojas
Cuando era un niño, yo pensaba que el sueño era eterno y que los muertos se iban a un lugar seguro. Luego apaciguaron mi precocidad con promesas del más allá. Hoy me detuve frente al espejo y escribí estos versos para los que deambulan por la casa y presumen el sueño y la vigilia eterna.
Hoy supe la extrañeza del que gime en el alba, y me fui de viaje entre las sombras.
SECRETOS DEL MONJE LOUIS
Para Escobar, el Angel
Yo fui un discurso de panes y promesas
nunca estuve en el altar de la palabra.
Fui dos veces un terror un grito
nunca vi mis ojos ni mi llanto.
La suerte no se echó a mi lado
yo fui un almendro seco sin el beso de la lluvia.
Yo pude haber mentido tres veces en la noche
nunca tuve la ocasión las palabras
la vaciedad de la memoria.
Yo sucedí dos noches y dos días
en un ruedo de figuras que dieron a luz su despedida.
Fui lo que viste saltando al precipicio de aquel siglo
lo que caía con un candil de lágrimas
con rencores en el vientre.
Quise haber sido un puñal sordo y sin ropajes
un deseo extraviado en toda sangre.
Yo arrojé los leños de mi cruz al fuego de blasfemias
la mesa estuvo lista y bebí una jarra de cenizas.
DE LOS MENSAJES DEL MONJE A LAS PALABRAS DE CIFOLDIA
Ya que sostienes el pudor de la ciudad
en un eco de trompetas
ya que silbas tu himno de muerte
mi próxima estampida
déjame un lápiz un beso una carta
déjame Cifoldia tu sitio tu escondrijo
el espacio en que te amaron
Si te vas Cifoldia
lleva este lirio el fresco de mis dedos
llévate mi nombre y una pluma
yo sabré esperarte con mi pan y tus difuntos.
EL MONJE LLORA FRENTE AL CORO
Fue Marcusia alabada en otro tiempo
Marcusiae Marcusiae
un coro espantado por la flauta.
Un monje adelanta y llueven notas
salmos y responsos
Marcusia levita sobre el coro
su nombre es el recordis del eunuco
del rostro que mi padre acaso tuvo.
El coro eleva Marcusiae Marcusiae
el monje Louis llora su historia
para borrar con lágrimas el pasado de Marcusia.
Con un puño dice adiós
y con el otro rompe el silencio de su padre
dice adiós y baja el coro
Marcusiae Marcusiae
muy despacio el monje llora
Marcusiae
Marcusiae.
DE "MANUSCRITO" ENCONTRADO EN EL BOLSILLO DE UN MONJE AMIGO DE LOUIS
.que hube de beber en otra fuente donde Marcusia abandonó mi cuerpo.
Me tejieron dos veces el destino
y dejaron mi luz sobre la piedra
una piedra hecha para el cuerpo.
Crecí al amparo de un ave del camino
bajo la delgadez nocturna de la lluvia.
Yo fui por hambre al lago de mi sueño:
y el mendigo me arropó los pies
fui por hambre no por vocación:
esta es la historia de la piedra de Marcusia
y el mendigo en una sola piel.
INVOCACIÓN DEL MONJE LOUIS ANTE UN OLVIDADO MONASTERIO
Si al menos este pueblo
reverdeciera el oscuro olvido
que antes guardaran sus portales.
Si la luz que nos envuelve
amaneciera en conjuro con la aves.
Es todo polvos
el puente que cubre el silencio de mi pueblo
San Germán
el triste sitio para ablandar el hierro de mi voz
San Germán
la cuenca diluida que me trajo al mundo.
Un silencio de polvo es tu favor.
Dos silencio logran habitarme:
el perdido color de tus maderos
y el salobre crimen de tus aguas.
Si al menos eso
un ángel que rescatara tus doncellas
si mediara un siglo para rehacerte las mejillas
la cintura las palabras.
Pero te pierdes pueblo mío
te pierdes
salpicado de calor
envidiando el agua de lluvia
que barra tu nostalgia.
Como una máxima de Heráclito
como su río aquel
tu polvo no es el polvo de otros tiempos
y tú te pierdes pueblo mío
te pierdes.
EXÁMENES DE LOUIS: RESPUESTAS A MAESE PARGESIO
Hay un círculo infinito al que llaman Dios
una moneda inscrita en una lengua extraña para todos:
su palabra.
Hay un pretil contra el abismo:
la escritura la esperanza de no probar la carne
y la lumbre de mañana.
Reptamos porque Adán no estuvo siempre
y el versículo de hoy
es para Eva sin parra ni serpiente.
Ya ve maese Pargesio
yo descuido mi pasado
y aprendo el verbo de mañana.
Mis hogueras no harán daño:
soy pus en la obra del Señor.
Mi rabia queda en la paredes
la celda es escondrijo castigo plenitud:
tres proverbios del mendigo que viene
a mi ventana.
Es mi examen Pargesio
maese amigo un solo de maldad
otra canción puesta en mis labios.
BAJO EL CANDIL DEL MEDIODÍA MAESE PARGESIO BUSCA A LOUIS
Buscas en el polvo de tu pueblo
la escondida misión de tus hermanos.
En el olvido seco de tus sueños
hay un bramido de lástima y suplicio:
la doble sacudida de Marcusia la extraviada.
Busca en los contornos de la lluvia
en las secas palabras de la hierba
las respuestas que no te dio Pergesio
a tu llegada.
Escarbas lo sabemos
en la noche
ahí en el hueco de tus manos
y no sientes el río ni las piedras la blasfemia
el agua turbia en los ojos de los tuyos.
DE LA SORDEZ Y LA CEGUERA
Qué hay de tus ojos en el oscuro beso de Dios.
Qué haces a esta hora cuando un pájaro se acerca
con una mentira en el pico para envenenarte las entrañas.
No te asombres de los signos orientales en mi cara
de mi próxima sepultura pintada en las esquinas
no te esquives
no escupas la puerta
si sujetas la noche con los ojos.
No salpiques el instante
haciendo versiones de sombra para Edipo
apura tus manos la eternidad puede engañarte
y el otro agoniza en las agujas del reloj.
UN MÉDICO OSCURO QUE SE HA SENTADO
un médico oscuro que se ha sentado
a ver morir la noche entre sus manos
que han visto morir todo. Los humanos
empeños los silencios que han quedado
silbando en los oídos del pequeño
del pequeño hijo de Dios la trova de los días.
Los sones que cuentan esas bravías
historias reales y del ensueño
perdurable de no morir jamás:
(otro modo de no mirar atrás)
ostentación humana un sueño vano.
(Sobre la vía de lo eterno imaginarse:
no-partida el estatismo y alejarse
sin conocer que es Papá-Dios el gran arcano.)
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TODA ETERNIDAD Y OTRAS REGIONES
TODA ETERNIDAD Y OTRAS REGIONES
Katia Gutiérrez Miró
Poetisa, narradora.
DE CÓMO UN VERSO DE LEZAMA CONTIENE TODA ETERNIDAD Y OTRAS REGIONES
El tiempo lleva los colores de la voz:
retorna y salta la distancia nuevamente.
El tiempo es eco de la imagen que se escapa
que no comprende su volver y su apariencia
no sabe el ritmo de su mármol hecho verso.
Cuando eres tiempo amigo mío te me escapas
porque eres tiempo espejo siempre no conoces:
transcurres solo hasta la voz
hasta la fuente.
Yo te defino
escucho el verso el tiempo el eco
me hago de mármol ritmo y gris:
color de huída.
Luego serás seré (nunca seremos)
y habrá otro escape
otra vida definible
con otro verso y otro espejo
otra apariencia
hecha de tiempo pues la voz nunca termina.
ÉXODO
I
Sobre la arcilla pluvial de su jardín
por nueve veces trazó y borró Emma Zunz
las coordenadas del arribo.
Tenía que ir hasta el calor absoluto y amarillo
para sembrarse dudas sobre la soledad
y las segundas oportunidades
porque al cabo del tiempo
muchos años después
Emma Zunz aprendería que la distancia
está más lejos y más cerca que cualquier promesa
y la promesa es simplemente luz para alumbrar
no es el camino.
II
La extensión existía
laberíntica
amorfa
excluída del rumbo
porque aún no estaba comprobado
--como ahora--
que fuera bueno el norte o el sudeste
o que la clave estaba en doblar hacia la izquierda
porque no había la izquierda o la derecha
--como ahora--
sino la duda o el deseo
o la inocencia curiosa y pertinaz de Dios
que estaba mudo
lleno de una fértil intuición
que le decía
"Emma Zunz está esperando una partida
--como en los dados--
necesita de un rumbo para poder perderse".
III
Y Diós creó para los hombres la conciencia
y comprendió las extensiones laberínticas y amorfas.
Emma Zunz comparó las coordenadas de uno y otro jardín:
eran idénticas
"hágase el éxodo" --pidió--
y vio que era bueno.
JUECES
El arrepentimiento de Emma Zunz
es apenas un grito rebelde
una insinuada voluntad de transgresión.
La libertad para Emma Zunz
viene como un regalo:
atada al mástil presumible y sin opción de heroísmo.
La libertad le nació el día en que confundieron a lo eterno
con el fantasma de lo humano
y su padre retó a Diós con un suicidio
aunque nunca fue bueno tirando con pistolas:
no le importaban el frio ni la felicidad.
Por traicionar
ella recibe los aplausos
la absolución del doble filo que lentamente cae
como quien llega a un estado superior de la materia
o la conciencia
otra virtud no teologal junto al perdón
los ideales:
esa lección fundacional para el deber.
Testificar
--ha dicho llena de pasado y desafío
como quien mira atrás--
es parte virgen de la comunión
es un juramento de poder y rocas:
máscara doble barajando la sentencia
el lanzamiento.
Después la huella del castigo baja las escaleras
y su visión se apaga con cada peldaño:
el cadalso no sabe de las resignaciones
Emma Zunz ha zarpado premeditadamente
y puerto se tatúa una manecilla
que gira hacia la izquierda.
El valle vivo, y cerca, línea recta:
desde tres sitios una orilla lame,
lava el recuerdo de la cruz de tierra
trazada a plomo bajo el sol insomne
que no se rinde al tiempo circulante.
El valle vivo, y plano, que se mece
en tres orillas, lame su ceguera
lavando el sitio de la cruz de plomo,
trazada en tierra por el sol rebelde
próxima al tiempo que me cerca insomne.
El valle vivo escapara lentamente
no hacia la cruz, ni al sol, ni a las orillas,
ni hasta la tierra, el tiempo o los durmientes;
no al inmediato juego de cambiarse
en lo esperado, lo debido estéril.
El valle vivo escapa hasta el pasado,
hasta sí mismo, incierto a mis razones
hechas de suertes, horas, sementeras;
tramado en lienzos de color distante:
pradera y mar del ojo que no vuelve.
El valle vivo llega en línea recta,
llega hasta mí: orilla que no lame,
razón de sol, memoria el plomo y tierra
desandada por el tiempo que rueda
eternamente: el eco del olvido
en otro valle.
I
Emma Zunz sigue rota en la extensión que vive
la que es ventana o puerto
y se dibuja entera
la que le llega clara
pero aun así deforme
como el aviso de lo que es realmente.
Emma Zunz se reafirma en lo cerrado y cierto:
el falso cataclismo de la montaña eterna
la que ha de ser descrita con su palabra torpe
adjetivada y simple de quien no sabe nada.
Emma Zunz no discierne:
palpa la trama y sigue el hilo que la lleva
y que lleva a su padre
a su calor
y al Hombre.
Emma Zunz se hace débil
(sometida y amable)
volviéndose infalible en cometer errores*
o en percibir su muerte mucho antes de aquel parto
el que le duele y sigue hasta su propio padre.
Su madre le recuerda la fobia y la malicia
lo que será el sudario en la extensión que borda
lo que valdrá el suicidio
y el ángel
y la peste
lo que valdrá el retorno
circular y constante
pues la extensión es pacto donde se le ama.
Donde.
Hecha una esclava irredimible en la extensión
sujeta al peso del sudario y los botones
alejada de sí
Emma Zunz vuelve a descubrirse en lo lejano:
un cuerpo nuevo
diferente
que comenzará a ser costumbre diecinueve años después.
En ese hallazgo
Emma Zunz reconoce que el amor es eterno
--tremendamente circular su construcción
en su regreso y arco inacabables--
ha encontrado y descubre que su garganta sana
puede emitir un ruido que no pudre
--no el vergonzante de la muerte de su padre--
sino el del tiempo:
hilo que la ha cortado siempre
y que aún así le brinda
el trazo que es eterno
la cápsula que marca su recorrido inhábil.
Emma Zunz me contempla:
voy honesta y desnuda en su visión del fondo:
ahora sabe que no hay ángel
que no hay lava
ahora sabe:
en la extensión es donde el círculo se cierra.
*Sobre los versos de Luis Rosales: "sabiendo que jamás me he equivocado en nada, /sino en las cosas que yo más quería/
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EL PLACER DE LOS ADVERTIDOS / Arlen Regueiro Mas
Arlen Regueiro Mas
Ven, hermano, mitad de mí. Incompleta es tu carne que me desconoce; porque nombrar la luz sería como matarte la mirada, tenerte ciego a pesar de todos los días que puedo resucitarte; cuando sea domingo.
Mi jardín será otro juego de la memoria, sin la costumbre obligada de conocer el camino.
Hermano que no quiero que seas mío, para poder amarte como amo a otro; ven a escucharme todo este silencio, las caricias que me impido pensar en tu rostro.
Ven, hermano de mi entraña; a negarme el fuego. Proclama la edad del agua, ahora que somos piedra, el tiempo indiferente.
El viento ha de ser como una aurora muerta, el vaso herido al borde del café, cuando no brotas reflejo, más que en el recuerdo.
Por eso quiero que seas, hermano mío, carne solamente de mi padre, como si mi padre te hubiera engendrado de sí mismo, y te abortara frente a las nubes donde nunca danzarán, porque nunca serás objeto de la danza, más bien del descalabro.
Páginas del agua son éstas que escribo. Palabras fundadas por toda su impotencia, para bebernos el miedo, el terrible pudor de un beso.
Pero no, hermano, quiero también que sepas cuán imposible son los desnudos, cuán horrible me parece que seas el verbo de mujer, que tengas madre como ésta, la mía, que censura el riesgo del agua, con la parte de mí que no soy yo, porque eres tú.
Ven, hermano, a compartir el vicio de los insomnios, para hacerme dormir sobre tu sombra cada tarde, sobre mi propio semblante marchito, prohibiéndome el sabor de la arena.
Para Antonio M. Regueiro,
hermano desde el cansancio.
ÚLTIMAS PALABRAS DEL JOVEN RIMBAUD AL POETA PAUL VERLAINE
para N. E. cómplice
hermano paul
querido verlaine
mi amante
ayer te he visto pasar desnudo
embarazado de dolor en todo tu parto
adivinando el iris de mis ojos tras el lienzo
dormido o despierto
insomne o sonámbulo
pero caído hasta mi piel
con el orgullo de la ciudad atemperando el cemento
ayer a ratos me sentía un pájaro
era uno de tantos con perfil de cadáver
donde quiero deshacerme prisionero
esclavo del vuelo sobre mi lumbre
ayer parís no semejaba parís
tan solo un simulacro de la aurora
y notre dame padecía tu pupila
corriendo la lluvia hacia el sena condenándose
ayer a ratos era homicida
ícaro sin alas mecido
por las llamas eléctricas como un muro
y lejos
tan oscuros como el mar
morían los mirlos del cansancio
fugitivos de su propio fuego
ayer casi isla me quedaba*
y hoy también desnudo y sin sexo
me atrevo a ser roca con pálpito de templo
cuando aborta la tempestad los calendarios
y no me basta la sed
ni se corrompe este verdor entre mis piernas
ayer fui pájaro y reloj
otro cuerpo sin precio
ayer a ratos quise ser cruel
quise morir y no estabas
era inmortal
para ver en mi rastro la edad del almendro
adiós hermano paul
querido verlaine
mi amante
quiero morir y nada puede salvarme
el albatros ha partido
las islas son tal un pueblo de barcas
y la noche
un solitario puerto donde errabundo espero
ebrio con mi naufragio de naipes
inválido de tiempos
hermano paul
querido verlaine
mi amante
has que la ciudad coma su polvo*
* Arthur Rimbaud
PALABRAS DEL JOVEN ALEXIS AL PASTOR CORYDON
No te seré entonces tan amargo doloroso pastor, tan esquivo. Iremos juntos a tu huerta y allí haré honores a las castañas y ciruelas que para mí recogiste, aunque no me importe la leche fresca, ni la enormidad de tus rebaños pastando a las orillas del Mincio.
Yo también solía perderme entre las hayas y a la sombra de los montes de Sicilia vague como si fuera una de tus ovejas, recogiendo malvaviscos para adornar tu frente.
Te veía sin verte junto a la fuente Libetra. No sabía que tú eras tú, que deshojabas tu zampoña de siete ruidos en el agua, echando a la corriente doradas monedas. No sabía que sin conocerte guardaba mi larga inocencia.
Alguien me persigue como si mis huellas arrastraran las heridas del sol, caminando a su lado; viene tras de mí, lo presiento abrazarse a las piedras del sendero, ya cansado.
Tengo miedo. Soy como la cera que la luz inflama al ponerle sus labios. Dime dónde es que los árboles nacen, con el nombre de amantes escrito en el tronco.
Mereces acaso que te cante doloroso pastor, si después de él no eres tú el primero. Por él he bebido cicuta y almizcle, y vencí al Dios que le dejó seguirme a los infiernos.
Podrías descanar esta noche aquí conmigo, sobre la triste hierba, pero no te conozco, solo hablas de tu ganado y tu prospera hacienda.
No puedo tornarme, idos a casa. La tarde se cierra entre los tamariscos cual una mano
lunes, 8 de septiembre de 2008
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cinco poemas / cesare pavese
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos–
esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sobre ti sola te inclinas
en el espejo. Oh esperanza querida,
ese día sabremos también nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
resurgir un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Descenderemos al abismo mudos.
La noche
Pero la noche ventosa, la límpida noche
que el recuerdo rozaba solamente, está remota,
es un recuerdo. Perdura una calma asombrada
también ella hecha de hojas y de nada. No queda
de aquel tiempo más allá de los recuerdos, sino un vago
recordar.
A veces retorna en el día
en la inmóvil luz del día de verano
aquel remoto estupor.
Por la ventana vacía
el niño miraba la noche sobre las colinas
frescas y negras, y lo asombraba verlas en montón:
vaga y límpida inmovilidad. Entre las hojas
que susurraban en la sombra, surgían las colinas
donde todas las cosas del día, las laderas
y las plantas y las viñas, eran nítidas y muertas
y la vida era otra, de viento, de cielo,
y de hojas y de nada.
A veces retorna
en la inmóvil calma del día el recuerdo
de aquel vivir absorto, en la luz asombrada.
------
La voz
Cada día el silencio del cuarto solitario
se cierra sobre el leve derroche de cada gesto
como el aire. Cada día la breve ventana
se abre inmóvil al aire que calla. La voz
ronca y dulce no vuelve en el fresco silencio.
Se abre como el respiro de quien esté por hablar
el aire inmóvil, y calla. Cada día es el mismo.
Y la voz es la misma, no rompe el silencio,
ronca e igual por siempre en la inmovilidad
del recuerdo. La clara ventana acompaña
con su latido breve la calma de entonces.
Cada gesto percute la calma de entonces.
Si sonase la voz, volvería el dolor.
Volverían los gestos en el aire asombrado
y palabras palabras a la voz sumisa.
Si sonase la voz aun el latido breve
del silencio que dura, se haría dolor.
Volverían los gestos del vano dolor,
percutiendo las cosas en el zumbido del tiempo.
Pero la voz no vuelve, y el susurro remoto
no encrespa el recuerdo. La inmóvil luz
da su latido fresco. Para siempre el silencio
calla ronco y sumiso en el recuerdo de entonces.
------
Palabras del político
Se pasaba ligero por el mercado de los peces
para lavarse la mirada: los había de plata,
bermejos, verdes, color mar.
Comparado con el mar todo escamas de plata
ganaban los peces. Se pensaba en el regreso.
Bellas hasta las mujeres del ánfora en la cabeza,
aceitunada, forjada sobre la forma de los flancos
dulcemente: cada uno pensaba en las mujeres,
cómo hablan, ríen, caminan por la calle.
Reíamos cada uno. Llovía sobre el mar.
Por las viñas escondidas en las fracturas de la tierra
el agua macera hojas y racimos. El cielo
se colorea de nubes escasas, enrojecidas
de placer y de sol. Sobre la tierra sabores
y colores en el cielo. Nadie con nosotros.
Se pensaba en el regreso, como después de una noche
de insomnio se piensa en la mañana.
Se gozaba el color de los peces y el jugo
de la fruta, vivaces en el hedor del mar.
Ebrios estábamos, en el retorno inminente.
------
Eres como una tierra...
Eres como una tierra
que ninguno ha nombrado.
Ya nada esperas
sino la palabra
que brotará de lo hondo
como un fruto entre ramas.
Hay un viento que te alcanza.
Cosas secas y muertas
te abruman y andan en el viento.
Cuerpos, voces antiguas.
Tiemblas en el verano.
Versiones de Rodolfo Alons
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uno de enero / freddy peñafiel
sábado, 6 de septiembre de 2008
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Etiquetas: ecuador, freddy peñafiel
CUADERNO DEL ALDEANO
CUADERNO DEL ALDEANO
Yannit Pozo Castillo
LECCIÓN DEL PUENTE
Puedo aprender a ser puente.
Manera íntima de saberme una espalda sin límites.
Límites como barrotes, como guerreros al encuentro del vacío.
Puedo asombrar al espejo con metáforas que juegan a corromper cimientos,
huesos que he sabido cubrir con un rostro.
Tengo sombra propia, y me aguijonea.
Bretón podrá declarar al rocío con cabeza de gata que se mecía en el puente.
Quizás sea yo mismo sobre mi espalda
pensando en mecer al tiempo
que pretende dibujar la música del óxido.
Ignora que soy sordo, y que mi frente es de agua.
Un poeta pudiera dibujar en el agua, pero el tiempo no, él se dedica a masticar poetas.
puede ser un lugar común dibujar en el agua. A Bretón se le pudo haber ocurrido
dibujar el rocío con una cabeza de gata, pero hasta él, dibujó en el agua.
Ser puente no es nada difícil, solo hay que dejarse corromper un poco,
y que te huellen la memoria.
MI CIUDAD
Muerdo esta ciudad de vacuo vestido.
Prescindo de jardines
para que caiga la íntima lluvia.
Los parques,
relojes donde los viejos blanquean su existencia,
adornos del olvido.
Mi casa cobija el pincel de Lezama,
un poco de música aristotélica.
Odiado por los conciudadanos
camino avenidas sin títulos;
balcones
bancos
y latas acongojadas
escuchan mis silenciosas estrellas.
Mis pasos tupieron todas las estufas,
ningún lobezno atacará.
Llega mi noche,
y escalo la más alta fortificación:
el tiempo.
Espero la necesaria ráfaga de dudas
que me despeine,
me sumerja
y haga de mi cuerpo,
materia para jardines.
AL TREN DE CUMANAYAGUA
Un tren avanza sobre su ausencia.
La huella oxidada se abraza
al silencio de los árboles.
Usurpa el sudor del que viaja a su desgarro.
Un tren puede dejar de ser tren
si toda la ciudad lo besa,
si su música despierta a los cómicos gorriones,
a los perros humildes que pretenden noticias sobre los otros perros,
a los mármoles del cementerio.
Animal sagrado
bueno para conspirar en contra de geografías.
Ya los viajeros tatúan vísceras
en el pavimento.
Ya le amputaron las patas a este grillo
musical en su mutis.
JAMÁS HE VISTO
Jamás he visto dónde duermen los gorriones.
En mi ciudad las esquinas saben a cábala.
Los gorriones se nutren del humo,
poseídos transeúntes que todo distorcionan.
Las esquinas guardan un Guernica,
un imperio de palabras.
Los transeúntes, ágiles gacelas,
nunca han poblado una esquina.
Los gorriones, pequeños fantasmas,
nunca han poblado mi ciudad.
Jamás he visto cómo duermen las esquinas.
LOS PORTALES Y YO
I
Hoy he caminado de portal en portal,
como un desierto en el desierto
y soy yo mismo
caminando por mi frente,
por los poros de la pared.
Las puertas se abrieron,
nubes amuralladas
que el viento sedujo.
Salí de mis huesos,
ahora soy casa orientada al vacío.
Yo, espejo de los portales,
los portales, espejos.
Hemos poblado la ciudad,
únicos,
en amaneceres de la sombra.
II
Tenemos una ciudad que no tocamos,
que de cerca sentimos
cual polvo en los oídos,
cual ceniza olvidada en la mano
de cualquier mitad de hombre.
Siempre nos ha roído la gota del reloj
que ha muerto en su sillón;
viejos que respiran,
como los versos de cualquier salmo del sur.
Y todo se hace claro,
lo dijo Baudelaire:
"conozco las cosas mudas
y olvido las flores;
olvido también a los otros;
agujeros dentro de agujeros;
pedazos de la bruma".
Tengo tanto detras,
y tanto en el camino,
que sé comentar las vísceras
de cada insecto pretendiente de la noche,
esa que me educa.
Hoy he caminado de mí en mí.
MI YO MARGINAL
La nada donde estoy sentado es de retama.
Mi garganta hiede cual dantesco cadáver del mes próximo.
Trituro con mi trompeta siete los finales jobescos.
El tan democrático basurero mora en mi rostro.
Los gorriones de mis ojos se han saturado.
Escalo el nicho que muerde segundos.
Forniqué con la retama de la retama.
El himen de la nada tapizó mi tambor vagante.
Avisado estoy en mi ciudad de miasma gris.
Mis zapatos y nariz, en un constante impacto con el marge, existe,
él también es mi techo;
mi "yo" devora vacuidades.
CONVERSACIÓN CON LAS CALLES
I
Pude haber sido la sombra de un edificio,
la esencia pulcra de cualquier basurero que anida impávido
en el pecho de la ciudad.
Pero soy del pavimento calador,
como el aire al polvo de las puertas.
He avanzado como un gorrión por la garganta de la rapiña,
por tu silencio harapiento.
Mis pasos seducen esa piel de túnica áspera
preñada de una extrañeza
que se aloja a la intermperie de mi ser.
Oh dueña del sudor
que lubrica el tiempo de las cosas
que sin el beso de mis manos quedan.
Repásame la suma de secretos,
desde un perro que mira como un monje
hasta la paz del indigente
que calienta tu hálito.
Sálvame de ser solo pasos que respiran,
incertidumbre que juega en el Getsemaní
que habita en cada uno de tus poros.
Tenme diamante de letanías y misterios.
II
Hoy suspiran los ruisueños edificios,
sus sombras calientan la justicia de tus curvas,
y te lamen espejo.
Nuevamente me he sentado en el humo
que es después de la lluvia,
y he tomado el jadeante pincel
con que la noche peina tus contornos.
III
El mendigo extiende su mano.
Me ofrece aire,
un mendrugo de silencio.
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Oh mar oh mar
EL PLACER DE LOS ADVERTIDOS
ASUNTO FIJO
Eduardo Frías Etayo
Oh mar oh mar
devuélveme
Teresa Melo
El golpe duro contra las rocas, ro-cash. Hay dos formas de mirar un escollo, la del marino que lo maldice y la del náufrago que lo agradece. La oscuridad es directamente proporcional a naufragar. Lo primero, echar mano a una botella. Echar una botella en la mano. Lanzar mensajes de humo dentro. Empañar las cosas, enturbiarlas y naufragar. Es importante naufragar. No ahogarse. Quedar varado, escorado. Aferrado a la más mínima tabladuda. Gritar por encima de la resaca. Convencerse de que estamos solos. Y esperar. Dejar crecer la barba-calma, el pelo-desesperanza y viceversa. Y esperar. Esperar que el mar regrese con los vidrios rotos.
***
Se me enredaron los pasos en las pesadillas. Perdí el horizonte en cuatro apuestas. Era más fácil jugarse los regresos. Improbables. Los adoquines marcan la ruta. Quizás hasta existan buenas intenciones. En ocasiones hay Final Feliz. Por lo menos los domingos a las tres. Palpo las pesadillas. Gordas. Viscosas. Acechan. Han tendido desesperos e impaciencias a la salida de cada habitación. El hoy es mi disfraz. Temo dormir.
***
Andar con la lengua suelta. No afuera. Simplemente suelta. Reptando una búsqueda. Evocadora humedad que se escapa no lejos del alcance de los labios. Puede hasta convertirse en Burla. Dejar huellas de saliva para no perder el camino. Quemar las naves. Cuerpos. En el principio era la lengua.
***
Tiro los dados, es doble uno. No tengo siquiera una salida, y es hermoso retornar a los pasadizos rocosos de viejas cavernas. El viaje primigenio. La oscuridad envolviendo el deseo, la prisión térrea. Tiro los dados, es doble uno. No siempre es dos, tan sólo la repetición del mismo. Es el espejo. Reflejo contra la roca que pende sobre la posible apertura al cielo. Pasan abrumadoras las fechas sin celebraciones, es el olvido, peor que una mala palabra. Oscuridad sin sombras, no hay estrellas, ni lágrimas de donde asirse. Es mejor solo que mal acompañado. Si la tierra te habla no cometas el error de escucharla. Tiro los dados, es doble uno. Regreso al encierro y sin derecho a decidir hasta la próxima oportunidad.
***
Estoy emparedado entre confidencias. Me muevo en la habitación de los espejos. Cada confidencia se refleja en otra y se distorsionan hasta el infinito. En ocasiones las imágenes se conjuran. Entonces las confidencias se vuelven un suave murmullo acariciador-deslizante que deja una brecha en los muros para que penetren nuevas confidencias. Se empotran en las paredes y curvan los espejos. Sellan. Desollan. Des-oyen. Estoy emparedado entre confidencias. Temo las Hemipuertas, las Magnopuertas. Prefiero marcharme por los patios de trasfondo, sitios de muchas ventanas desadheridas del tiempo. Apenas lo intento. Una confidencia. Me emparedan.
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Hay hombres...
Hay hombres que caminan por las calles
con un sol en la frente, un diamante de luz,
con hambre de otra vida, con aire de combate, hay hombres que se sientan a la mesa y reparten su pan con gusto solidario.
Hay hombres que despiertan y sonríen
mientras dicen: hoy es el día.
Dan la mano como un acto de fiesta,
saludan como cantando un himno.
Hay hombres que de noche tienen sueños justos, destierran ángeles corruptos
y al despertar, para salvar la tribu
van presurosos a sus puestos de lucha.
Esos que son así, como usted, son los hombres libres.
Hamlet Lima Quintana
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Etiquetas: hamlet lima quintana
Osmany Oduardo
Osmany Oduardo
Les dejo el tiempo, todo el tiempo.
Eliseo Diego
Les dejo mi ventana sin barrotes,
mi corazón sin rejas, estas ansias
de tragarme el océano. Les dejo
una ciudad sin puertas que no es mía
pero me pertenece por cansancio,
porque asomé a su edad sin darme cuenta
aquella tarde al sur de piedras suaves.
Les dejo otras mujeres que se astillan
en mi cama pequeña y se retuercen
sobre mi soledad. Les dejo el tiempo
debidamente detenido en mí.
Se quedarán también con mis amigos
y algunos borradores que valdrán
muy poco (a mis amigos no los compran
con millones de estrellas y guijarros).
Si es posible les dejaré un licor
para hundir la tristeza. Si es posible,
un árbol para colgar los teléfonos.
Si es posible una mañana. Destierro
el amor, los secretos, porque ustedes,
amigos prestamistas, son tan limpios
que precisan de mí la mejor parte,
es decir: perros, mendigos, columnas,
ceniceros, espinas, baños públicos."
Algo en ti que me aleja de nosotros
y no es Dios ni su templo ensimismado
ni el portal que se advierte sin noticias
ni esa nube en tus ojos que penetra
mi imagen trasnochada. Algo feroz
retiene dentelladas a mi hartazgo:
no es París donde vago por las noches
y de día devuelve su espejismo:
eres tú mi país que me separa
de nosotros: eso te hace remota
cuando llego sin jueves ni aguaceros,
cuando abrazo tu risa hasta morirme
reclinado en tus pechos diminutos.
Eres tú mi país y eso me aleja.
Tus ojos son las seis de la mañana.
Hay un raro espejismo y manantiales;
hay un país en ruinas, anegado
entre lágrimas y azogue. Morir
no es el precio a tus plantas y conjuros.
Hay algo dable en ti --superficial--
y no el pan piadoso con que acuchillas
mi estómago inhumano, donde enciendes
esta libido que no escampa nunca
aunque te hayas marchado sin destierros
ni portales. Hay algo cruel en ti
y no es la mano que corta el pan, no
son tus ojos durmiéndose en mi sombra.
Tus ojos son las seis de esta mañana.
Para morir me sobran estos días cansados,
escaleras que anuncian tu voz y esas paredes
percudidas y amargas. Me sobra la ciudad
de rostros repetidos, de calles y comercio
donde acuñar mis sueños miserables. Regreso
para partir otra vez y escupan mi nostalgia.
Me duermo para verme más pobre que la tierra.
Despierto porque nunca me he visto tan probable
y risueño. Repito: para morir me sobran
estos días, su invierno, la lluvia que penetra
el polvo, justo ahora que existes, avisada
de que vas a morirte también por mis poemas.
Para morir hay miércoles, balcones antiguos
donde verte pasar si caminas estos párpados,
si tu pelo es ausencia o desastre y te atormenta
cuando asomo a tu boca, cuando soy un suspiro.
Puedo ser un suspiro si tu boca me alcanza.
Puedo habitar tu boca. Puedo morir absurdo
si nos separa un parque y sus cuerpos trasnochados.
Para escapar me sobran sonatas, sinfonías;
me sobra el sol y la noche; me sobran canciones
y fuego, toda esa paz que nunca escribo, todo
este amor que no cabe en relojes ni osamenta.
Escucha: tanto miedo no alcanza para oírte,
mi soledad exige tu precio en los mercados,
mi silencio es tan turbio que hace ruido en las noches.
Contempla: hay algo negro rozando mi cerebro,
se parece al suicidio, un poco más oscuro;
se parece al pasado, con poco menos risa
y vestimenta. Tu voz me duele dentro y hondo
y es blanca como un miércoles vacío. Te advierto:
para morir me bastan tu piel y otros lugares.
Soy un animal. Habito todos los teléfonos
vacíos y los parques sin pájaros. La muerte
es sólo una estación para piedras y mortales.
La vida es insípida y sin tiempo para mí.
Yo soy un animal que muere a secas. No quiero
una razón para implantar reinos, convocar
aceras al discurso nocturno de las fuentes.
Quisiera amanecer de vez en cuando, tan solo
que me astille así contra mi propia soledad.
Algo puede amortajarme la distancia, pero
nunca un paisaje, nunca un vestido de muchacha
que ha quedado herrumbrado y espera otro camino,
otra piedra contra su desnudez infinita.
Puede ser que otras mujeres inventen desde lejos
unas garras para amasar mi soledad, unos
dientes para estrenar mi piel sin huellas y un grito
para asustar las noches. Yo me pierdo cansado
para siempre en mi habitación: ciudad que recorro
una y otra vez y entonces desconozco gentes
apartándose de mí, horrorizadas y torpes.
Entonces es que pienso: mi sinrazón los harta,
mi condición de bestia los convierte en receta.
Entonces impaciento el reloj y me hago sitio
al otro lado de la muerte, y si hoy canto es
porque soy un animal terriblemente solo.
El árbol siempre estuvo en mi garganta
despojado de pájaros y vientos.
Nadie debe talarme tanta vida.
Un árbol puede ser la mujerzuela
del parque y ese sátiro el país
desgarrando sus vestidos. El árbol
puede disfrazarse de cuerdas y
ocultarme de todos sus naufragios
y lanzarme de bruces al domingo,
a sus tardes suicidas e inocentes.
Nadie debe podar tanta desidia.
Hay un árbol que aúlla desde el fondo,
pataleando su asfixia irredimible
en la gruta detrás de mi garganta.
Ante la multitud soy sólo asombro,
como uno deshojando adversidades
en un ruedo sediento. Ante el clamor
de esas bestias amarradas en el
palco, soy la sensacional distancia
entre vida y muerte. Podría ser
un vendedor de puertas para invierno,
un hacedor de piedras, un descanso
de esa escalera al cielo --tan pequeña
Podría ser el viento o un disparo
pero me falta cordura, una ínfima
dosis de paciencia o desconfianza
o miedo para aferrarme a los ojos
de una muchacha de primera fila.
Pero soy domador que no destierro
ni canción ni pared ni militante
del olvido. Soy terco domador
jugando a morir entre dientes. Soy
la mitad que le falta a la bestia
o, mejor dicho, es la bestia esa parte
sin la cual quedo huérfano de aplausos,
sin la que me reduzco a un espantoso
payaso rozando mezquindad. Temo
--porque temer es algo que indigesta--
que a mi nombre lo oculten en la jaula
porque ruge y resuella; que despierte
convertido en la bestia que castigo
a desafiar las llamas. Temo tanto
que grito latigazos en la arena
como aquel gladiador que abrió el portón
equivocado. Quién puede juzgarme
por querer ser un rugido inocente
y no voz que se esfuma ad infinitum,
porque cuento en mis dedos las estrellas,
mutilado de pan y cobardía.
Nadie puede encadenarme a este circo
de trapecistas sin alas porque el viento
no me trae cortinas de mi casa,
lejana como un río. Nadie puede,
porque quien doma fieras es un paria
con nombre y apellidos e inscripciones
donde se consta que nació con látigo:
real símbolo de muerte y de martirio.
Total:
que vivir es un don que nos absuelve
del azufre y del fuego; que morir
es un día sin respuestas, sin odio,
sin la muchacha de primera fila
que faltó cuando más se la esperaba.
Total:
que hay un día sin mar de hablar despiertos,
pues dormidos, qué somos sino sombras
pululando en diez puntos cardinales;
que la carpa es un cielo sin Dios Santo,
sin el Hijo a la diestra, y escapar
es condenarse al miedo, a estar cuerdos,
a ser domesticados por la usura
porque bajo la carpa protectora
qué somos sino bestias sin modales,
o qué soy yo sin mi animal de feria
bajo un cielo con Dios. No quiero ser
un vendedor de parques y muchachas,
un catador de la embriaguez y el tedio,
un invierno sin puertas, un consumo.
Prefiero ser el domador de a veces
bajo un cielo emparchado que ha sufrido
ser fiera, aplauso, asombro, latigazo.
Tendrán que oírme decir no me conozco.
Eliseo Diego
Tendrán que oírme callar el dolor
bajo la mesa. Nadie nombre platos,
mantel. Todo se esfuma como un sueño
mal nacido en los hospicios. Tendrán
que soportar el rabo y su cadencia,
silenciar esa luna, atar el día
inmortal que se dibuja infeliz
contra mi rostro. Alguien puede decirme:
este el camino azorando palomas,
estas las riendas del tiempo y la sed.
Nadie podrá decirme: esta tu hambre
y esta la mesa para que te escondas.
Tendrán que soportar la noche sucia
mientras me trago todo este silencio.
Yo no sé de alfileres en la voz.
Siempre el viento me trajo esos gorriones
taciturnos. Los trajo a morir en
mis sudores que se sabían fértiles
de atardecer y espanto. Se marcharon
y así noche se fue nublando en día.
Yo no sé de la paz en los umbrales
ni un grito soterrado en la memoria
ni esa lluvia agujereando mi casa.
Yo no sé si el pasado duerme absorto
en mi sien. Lo he visto morir golpeado
por mañanas imberbes y estampidas.
Pero sé de este día que me ahorca.
Pero sé una estación para infelices.
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NÁUTICAS Y OTRAS ACOTACIONES DEL VIAJERO
NÁUTICAS Y OTRAS ACOTACIONES DEL VIAJERO
Karel A. Leyva Ferrer
¡Oh barcos que pasáis en la alta noche por
la azul epidermis de los mares!
Rene López
IV
Se han roto los espejos
ahora todo es tierra
palpable
vulgar
Puse mi mano en alto
me queda algo de viento
todavía
Voy a grabar mi espada
contra el nombre y el sol de los adeptos
Este el lado incierto de las cosas
aquí no se reflejan nuestras llagas
solo la fe y el don
Perfectamente ciegos
ante la luz que impacta
hablamos del azar
y damos al vacío otro fragmento.
ÁGAPE INCONEXO
Dobla el periódico
lo vuelve un catalejo
toda la luz de golpe
se disfraza
Ha comenzado el ciclo de la rosa
gema
cristal
recuerdos
blanco y negro
Parado frente al ojo está el deseo
el modo de invocar
la mano abierta
ya danza el voyerista
su osamenta repite una fricción sobre lo terso
ágape inconexo del que acecha
Dobla el papel
acorta la distancia
Llega la luz
el cuerpo se le escapa
VI
No deslunes con rabia en mi corteza
si soy el vigilante
si he puesto mis cien manos suavemente
en la aspereza
de otro sueño moldeado a contraluz
bajo el candor
del pájaro agorero a tenor
de la cruz
y los zapatos viejos del otoño
Te he besado
y no estaba en lo negro de tus ojos
el albatros bisoño
de los puertos ni la copa del hado
ni el hoplita que salva mis despojos
VIII
Todos los piratas
deben morir a manos del otoño
no es bueno andar buscando
las islas del escape
A veces son tan ciertas
que no hay vuelta al redil
y uno se pierde entonces la sorpresa
de nadie nos vio saldar las cuentas
Es todo por honor
Los piratas son buenos para el beso
para el susto virginal de las armadas
No hay tristeza mayor
que un buen pirata
envejecido y torpe
al que nadie le teme
ni lo aclaman en sus retos las muchachas
IX
Dos niñas en la arena
una siembra su bata diminuta
otra el gesto de adiós
y la palabra en duelo con el agua
Tomadas de la mano
exhiben
el castillo desecho
juran un nunca más
deshilan su noviazgo
con el delfín turquí
Las líneas del azar
dicen que el puerto
las ve volver a veces a hurtadillas
dos niñas sobre el borde de un recuerdo
HERENCIAS
En todos los caminos está Roma
la sobriedad la lepra la cicuta
la falacia mayor la frase enjuta
donde el sueño numérico se asoma
En todos los caminos está Roma
la culpa repetida de la fruta
el juego donde tímida debuta
la piel del gladiador que se desploma
Hay algo de juglar en cada piedra
de vórtice de áncora de estroma
de sórdido pasaje donde medra
el ojo inescrutable de la broma
que oculta para siempre tras la hiedra
su escuálido destino su genoma
XI
En el muelle
con las manos atadas por el grito
un suicida
Desde el puente de mando
con los ojos salvados por la sombra
el vigía contesta su llamado
es un dialogo afín entre proscritos
la barcaza está ahí
nunca ha partido
más allá de los sueños del suicida.
XII
El mar es la distancia entre dos puertos
inquieta zubia orlada de veleros
que surcan nuevamente los senderos
en busca de su presa cual podencos
Atados a famélicos maderos
los náufragos oscilan hacen ciertos
los rostros marginados del ajenjo
la pálida caricia del estero
Parados frente al mar vemos al dedo
tornarse un ilusorio parlamento
al barco en la ciudad a los silencios
en el común hojearse ante el espejo
Somos los argonautas solo eso
pendientes de la gloria y el regreso
XIII
Una ciudad espera por mis huesos
por la raíz de pájaro indomable
que tiende el mar
Trasquilo
los reyes domésticos sobre el arrecife
en lacónicas notas de salvación
Si hay algo que debo perdonar
será a su tiempo todo importa
hasta el color del vientre del cetáceo
que ahora llamamos isla
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