SEMÁFORO 17 / Dardo Sebastián Dorronzoro


(Para Irma, en sus veinte años)

No quiero que me industrialicen,
no quiero que me nacionalicen,
no quiero
que claven mi lengua a un poste;
no quiero, no, que me enchapen en oro, en fierro,
en madera olorosa, no quiero
que me pongan en una sala, cruzado de brazos,
con la mirada perdida en un collar de cuervos,
o gimiendo
por el costado más claro de mis bigotes. No,
deciles que me dejen así, con los caballos preparados,
con todos
los caballos de luz preparados,
con todos los sauces esperándome desde
el fondo de los perros, con tu llegada,
azul, a veces,
o roja,
y tus ojos
mirándome siempre en la primera sombra
de los incendios,
si no, con el puente,
con las doce cuadras hasta tu bulín y el río,
y tus pasos de gata, y todos
sentados en la cama, todos
con la sopa en la sartén, con la vieja yerba,
con el mate,
y la pava,
y la noche
marchándose a chorros por los barrotes,
hacia los estrépitos,
hacia los trenes,
hacia las innumerables batallas,
por un solo pedazo de tu sangre o de mi sangre.
Así te digo; así
debe ser, sin gritos, sin el amor de la carne,
acaso, pero
hundida la garganta de revoluciones, llorando
sobre
el dulce hueso que se queda en el camino,
y las piedras,
y las huelgas,
y los ángeles,
y los mismos veranos de los ríos estrujándonos,
muriéndonos
por una
sola
esperanza. Pero ven, ahora, mira: todo nace,
comienzan
a arder supermercados, y mañana,
quizá, ponga mi última mano sobre tu frente,
para irme
bulín arriba,
puente arriba,
perros y amor arriba, hacia
antiguos vientos, lluvias,
muchachas en el recuerdo y boliches
con la luz del olvido en sus botellas.

miércoles, 13 de mayo de 2009

un techo y un perro / Dardo Sebastián Dorronzoro


Cuando se cae un techo, empujado por las brujas,
se mueren nada más
que los que están debajo del techo, cerca del techo,
y vienen los periodistas, llora algún chico, llora alguna mujer,
alguien comienza a vender los fierros, los cascotes,
alguien reza por los pobres muertos,
hasta que llega un perro todo sarnoso, todo perro,
no saluda a nadie, no reza, no vende fierros ni cascotes,
no se queja cuando le pegan patadas los vigilantes, y sólo dice,
qué mundo de mierda, éste,
y se va
con una lágrima
corriéndole por los bigotes.

Dardo Sebastián Dorronzoro, en "Una sangre para el día"
(poeta desaparecido durante la dictadura militar argentina)



Dardo Sebastián Dorronzoro nació en San Andrés de Giles, provincia de Buenos Aires, en 1913. Poeta, publicó sus primeras obras en un periódico socialista al que adhería ideológicamente.

Aunque escribió mucho, publicó sólo dos libros de poemas: Una sangre para el día (Papeles de Buenos Aires, 1975), y Llanto americano (aparecido ocho años después de su desaparición, en 1984). También publico una novela: La nave encabritada, que fuera premio de novela Emecé, en 1964. Algunas otras quedaron inéditas, como: La grieta, Para no morir, Quien heredará nuestra sangre y Fusiles al amanecer. También tiene un volumen de cuentos no publicado con el título de La porción del diablo.

El 25 de junio de 1976 fue secuestrado por un Grupo de Tareas de su casa en el barrio La loma, en la ciudad de Luján. El mismo mes que desaparecían Francisco Urondo y Miguel Ángel Bustos.

 
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